SOR LUISA MARÍA

   

            Luisa María Rodamilans Isanta nació el 13 de Febrero de 1896 en Bilbao, en una familia acomodada y de hondas raíces cristianas. Su infancia y juventud fueron muy felices y virtuosas aprendiendo de sus padres esas virtudes en las que se distinguió a lo largo de su vida: fe ardiente, fortaleza de carácter, franqueza en sus palabras y actitudes, rectitud en todo momento, siendo ello armonizado con una educación, que la haría muy completa y agradable. Ya desde sus primeros años se esforzaba por vivir devotamente, aunque sin evadirse de las direcciones y pasatiempos propios de su edad. Le gustaba mucho remar, nadar con lo que creció fuerte y sana. A ejemplo de nuestra Santa Madre, nuestra fervorosa hermana vivió en los cuatro estadios: contrajo matrimonio a los 25 años con don Marcelino Andreu, su cuñado, viudo de su hermana. Este tenía un hijo de 8 años, Jose María, ella fue para él una verdadera madre, y él para ella, ha sido un verdadero hijo. Formaron un hogar ejemplar, santo y alegre. El Señor les bendijo con 5 hijos que durante toda su vida fueron para sus padres consuelo y felicidad. En medio de las ocupaciones de su vida, llevaba una intensa vida interior y comulgaba diariamente, aspirando cada día a una mayor intimidad con Dios. Toda su familia respetaba y favorecía esa entrega a la virtud.

            En tiempos difíciles para la religión acogieron en su hogar acogió a numerosos religiosos, especialmente jesuitas, exponiéndose con valor y arriesgando su vida. A dos de estos religiosos los tuvieron varios meses en su casa, a otros los recibían de paso, cuidándolos con veneración. El Señor recompensó esta bondad y caridad llamando a la vida religiosa en años sucesivos a cuatro de sus hijos, que llegaron a ser fervorosos jesuitas. Los padres no se opusieron a los designios de Dios  y aceptaron la vocación de sus hijos con acción de gracias.

            Su unión con Dios era cada día más estrecha. A los 40 años de edad, con permiso de su confesor, se ofreció como víctima de amor en el Santuario de Nuestra Señora de Begoña, decidida a aceptar plenamente cuanto el Señor dispusiese de ella. A los 53 años de edad murió su esposo, separación que ella aceptó con fortaleza y serenidad. Y a partir de entonces su Otro Esposo pasó a ser más plenamente

Dueño absoluto de su corazón. Sus 4 hijos mayores eran plenamente felices en su vocación jesuita. El pequeño Rafael se casó. Y entonces nuestra Hermana tomó la resolución de vincularse por completo al Señor y rubricar su entrega mediante los votos religiosos. Es de suponer lo que le costaría, a sus 65 años, romper con tantas cosas, con tantas costumbres, con tantos cariños. Pero en ella, verdaderamente, “el amor era más fuerte que la muerte” y con su decisión y firmeza características emprendió con ilusión y fervor en nueva vida.

            Unos meses antes de su entrada en el Monasterio, el Señor la exigió el gran desprendimiento de su hijo, el Padre Luis María, que en la flor de la edad, con sólo 36 años, murió repentinamente, como un San Luis Gonzaga, pues era fervoroso como su santo patrón. El Padre Luis María murió después de haber visto a la Santísima Virgen en Garabandal, “ese –diría él mismo antes de su muerte- era el día más feliz de su vida”.

            Durante su vida religiosa, nuestra hermana Luisa María se distinguió por una vida intensa de oración y recibía del Señor verdaderas gracias místicas. Ella, dócil y fiel, se dejaba conducir por el Espíritu Santo, y se dejaba llenar del puro Amor de Dios, que cada día la envolvía y la plenificaba. Tenía el don de explicar por escrito las operaciones de la Gracia en su alma, y el bolígrafo corría veloz, explicando sus intimidades amorosas con el Señor. Fue muy emotivo el día de su Profesión. La rodearon, como preciosa corona, sus hijos jesuitas, Padres: Alejandro María, Ramón María y Marcelino María. Fue un día glorioso y radiante. Este fue un caso muy poco corriente: tres hermanos jesuitas que presencian la Profesión Religiosa de su madre.

También con su trabajo material desempeñó varias actividades mientras pudo: costura, Sacristía, y sobre todo con su ganchillo y agujas de punto hacía verdaderas obras de arte con un primor exquisito. Tenía una memoria magnífica y una conversación muy amena. Jamás hacía un comentario desfavorable de nadie, ni los permitía a los demás. Era muy sincera, sin dobleces, y de gran entereza.

Se fue debilitando su naturaleza, sobre todo el corazón, se instaló en la Enfermería, pero seguía con cariño todos los acontecimientos de la vida comunitaria. No se aislaba, al contrario, disfrutaba participando en algunos actos  de Comunidad. Como fue perdiendo el oído, para poder oír mejor, se acostumbró a llevar un aparato acústico. Recibió varias veces el Sacramento de la Unción de Enfermos, siempre con entereza y fervor. A pesar de sus 90 años se mantenía juvenil y no representaba su edad, caminaba erguida y su palabra era ardiente.

Al vivir tantos años tuvo que sufrir muchas separaciones dolorosas. Fallecieron otros dos de sus hijos: Rafael María, en el año 1984, ejemplar padre de familia. Y este mismo años 1990 falleció también muy santamente el Padre Alejandro María, sacerdote jesuita, en Caracas, donde desplegó una gran actividad, al servicio de aquella Iglesia. Esta última separación la supuso un gran dolor y desde ese día fue bajando mucho. Pero siempre decía la alegría inmensa que era para ella el ver a sus hijos felices en su vocación, perseverantes, fieles. Les ayudaba mucho con sus oraciones y sacrificios, y ahora desde el Cielo seguirá intercediendo por el Padre Ramón María que trabaja en los Ángeles, Estados Unidos, y por el Padre Marcelino María que se encuentra en la China.

Nuestra Hermana hizo con especial intensidad el triduo para la Renovación y renovó su entrega con ilusión. El día 27 de Noviembre asistió a una reunión comunitaria y luego a Vísperas y Oración del Coro. Al día siguiente comulgó con fervor, tenía unas décimas de fiebre. La Hermana enfermera la dejó bien arropada en la cama y al volver unos minutos más tarde la encontró que Jesús había venido a buscarla. El Señor no nos permitió ser testigos del Encuentro, pero sí, fuimos testigos día a día del fervor de su vida y de su constante ascensión en el camino de la entrega incondicional. Nuestra querídisima Hª Luisa María Rodamilans Isanta fallecida el día 28 de Noviembre de 1990 en este Monasterio, a la edad de 94 años y 27 de Profesión religiosa.

Su Funeral, precioso, con la concelebración de 17 sacerdotes y la presencia de sus familiares que la querían de verdad y la veneraban. Fue enterrada en el Cementerio dentro de Clausura. Dios nos haga la gracia de imitar sus virtudes y morir tan santamente. Descanse en paz.