DE LA MEDITACIÓN A LA CONTEMPLACIÓN INFUSA  

 

 

            Ayer comentaban de la oración. Según Dios me da a entender, la veo así:

 

            La meditación nos lleva a la oración.

            Esta oración nos lleva a la oración afectiva, en donde ya se siente gusto en la oración.

            Esta oración nos lleva a la contemplación amorosa, donde ya sentimos el Amor de Dios. Esta contemplación amorosa nos lleva a la contemplación infusa, donde ya nosotros no hacemos más que recibir lo que Dios nos da, porque nuestro trabajo ya lo hemos hecho hasta la contemplación amorosa, que ha sido el trabajo de mortificación, renuncias … vaciarnos de nosotros mismos, etc… En este vacío es cuando nuestro Dios nos puede llenar de Él.

            Así hay que disponer el alma para llegar a la unión Dios.

 

            Si en la Contemplación Infusa Dios deja sentir su divina Presencia, entonces dejando el alma en libertad, la fuerza del Señor es tan grande que el alma se ofrece sin condiciones para lo que Él quiera, y así darle su más puro amor, a Dios Amor.

 

            El coloquio con Jesús después de la sagrada comunión ha sido delicioso. ¡Cuánto me ama el Señor! Su dulcísimo recogimiento enamora. Esto es muy distinto del toque sustancial en el alma, es mucho más profundo y de muchísimo mayor deleite. Es que, el toque sustancial es un deleite muy grande, subidísimo, que si no se llega a experimentar, no se entiende, ni creo que se pueda dar a entender.

 

            Hoy, estando haciendo la oración de la mañana, cuando menos lo esperaba, y mientras leía sobre los toques sustanciales, pero sin pensar que me podía pasar a mí, sentí la Presencia de Dios con un toque sustancial bastante fuerte.

            Como me suele pasar, cerré el libro, se me cerraron los ojos y me quedé como sin fuerzas en el cuerpo por el deleite tan profundo y delicioso que sentía mi alma. No dura mucho el momento deleitoso del toque, pero queda luego un recogimiento que dura bastante, y hasta horas, en el que el alma dentro de ese recogimiento no queda para nada; sin ganas de hablar, porque no salen las palabras, pero esto no quita el poder cumplir las obligaciones que entonces se tienen que hacer.

 

            Estos días, después de la sagrada comunión y de la oración, mi Dios Amor se regala en mi alma, como sólo Él sabe y puede. Sentía a Dios en mi alma con una presencia deliciosa de Amor. El Señor me daba a entender que pensase lo que sentía, y era una cosa tan dulce que tocaba o atravesaba mi alma, con una delicia llena de amor. Era como un susurro suave, dulce, fino, profundo, que me dejaba como herida de amor. Me ha durado mucho. Unas veces me dura más y otras menos, pero dura casi toda la oración.

            Era algo que atravesaba mi alma, y según iba pasando, iba llenando mi alma de gozo y amor. Esto es muy difícil de explicar, aunque algo me doy a entender. Lo que sí diré es que es delicioso y que deja el alma con unos deseos grandísimos de servir a Dios con la mayor perfección, dentro de mi poca cosa y pequeñez.

            Creo que el Señor me ve tan poca cosa y con esos deseos de ser toda suya, y por eso me trata así, para que puede logar mis deseos de ser siempre toda suya y sólo para Él. Parece como si me dijese después de la sagrada comunión que el mismo que recibía era el que así se regalaba en mi alma por amor.

 

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            El Señor me ha pedido un vencimiento que me ha costado mucho, pero ahora veo lo que es la Gracia de Dios y estoy contenta de poder ofrecer a Dios lo que me pedía. Además, estoy contenta, pero que muy contenta de darle amor así a Dios. Me encuentro contentísima de dar un amor costoso a lo primero, pero ahora me hace feliz que el Señor me lo haya pedido y yo habérselo dado con generosidad.

            Es algo que me pedía el Señor, algo para lo que yo había de pasar por tonta. Al ver mi amor propio, esto me obliga a dar más a Dios con generosidad, y contenta no solo de esto, sino de todo lo que me pida.

            Para todo confío en la gracia de Dios.

            Hoy, después de la sagrada comunión, el Señor me recoge amorosamente y me da a entender como está conmigo por amor, no me deja sola. ¡Gracias mi Dios Amor!

 

            Ya sabes que quiero ser tuya como Tú quieras, pero también sabes que te necesito, necesito que estés conmigo, yo sola soy débil, pero a pesar de mis flaquezas, que son muchas, quiero ser siempre tuya. ¡Gracias Señor! Me tratas como solo Tú sabes y puedes, no soy digna de nada, todo lo bueno te lo doy a Ti, mi Dios Amor.

 

            Mis comuniones son deliciosas. ¡Cuánto me ama el Señor. Por eso me dice: “¡Si supieses cuanto te amo!, piénsalo”.

            Es que, si le pregunto a mi Dios si esta en mi alma, enseguida le siento con amor, dándome a entender que siempre está conmigo. Él ya sabe que mi ilusión es poseerle, siempre deseo estar con Él, decirle que le amo y que le quiero amar sin condiciones. Pero veo que en la práctica no es así.

            Huyo de las noticias y de las cosas, por no tener en mi interior más que mi pensamiento en mi Dios Amor. Pero no lo consigo como yo quiero. ¡Que poco valgo para tu servicio mi Dios Amor!, por eso todo lo espero de Ti

            Aunque yo ponga los medios para conseguir mis deseos de amarte por encima de todo, Tú me tienes que ayudar.

           

            El Señor en la oración me hace ver que para desprenderme de todo y vivir su amor, mi vida sea según la Regla y la obediencia, viviéndolas con toda fidelidad. Lo veo tan claro que le digo al Señor que me ayude para vivirla según sus deseos. Dios, en nuestro interior, enseña e inflama el alma en amor y da fuerzas para cumplir sus deseos.

            Siguiendo las santas Constituciones y la obediencia, veo que así me despojo totalmente de mi interior y exterior y así, vacía, pueda Dios llenarme de Él.

            Siento en mi interior una exigencia de Dios, para que despojándome de todo, de lugar para que Él me pueda llenar más y más de su Amor. Para conseguir esto me apoyo en las Constituciones y en la obediencia, porque siendo fiel a ellas, ellas mismas me dan el desprendimiento que busco y que Dios me pide.

            Yo quiero tener a Dios contento en mi alma, dentro de mi pequeñeces que es mucha, pues estoy llena de flaquezas y debilidades, las cuales tengo que procurar ir limando y quitando. Para todo cuento con la Gracia de Dios.

            Hoy ha venido mi director, todo le parece bien. Le digo como es mi oración y como me ofrezco al Señor sin condiciones, pero siempre contando con la gracia de Dios. Me dice que está bien. También le digo que le pido al Señor que me haga santa, pues veo que los santos han amado mucho a Dios. Yo le quiero amar como los santos, pero como yo valgo tan poco, por eso le digo al Señor que me haga santa Él sin condiciones. También le digo que me tiene que ayudar y no dejarme sola. Am mi director todo esto le parece bien.

 

            El Señor me da a entender que todo lo que hago por cuidarme, como lo hago para mí, ya no es un amor puro a Él, es más bien egoísta, un amor egoísta personal. Así lo veo yo también. Pero aceptar todas las molestias que trae una enfermedad, si esa aceptación es por puro amor a Dios, ya le doy amor.

            Hay muchas cosas que se pueden ofrecer a Dios por puro amor a Él, sin que intervenga el amor propio; solamente que actúe el vencer la voluntad por puro amor a Dios. Esta voluntad dada a Dios por puro amor a Él, tienen mucho mérito espiritual.

            Si cuando me recoge el Señor amorosamente y me pide alguna renuncia de algo que me cueste, si no se la doy, luego voy a la oración y no le encuentro por más que le pregunte si está en mi alma.

            Así el Señor va despojando el alma poco a poco, para que quedando vacía, la pueda Él llenar de su Amor, de Él mismo que es su Amor.

            Hay veces que Él dilata el alma, porque el alma es tan pequeña para la grandeza de Dios, que necesita ser dilatada por Él. Entonces Dios pone sus complacencias de amor y el alma goza sin medida del Amor de Dios.

            ¡Dios es siempre amor!