DIOS SE DA  

 

 

 

 

            En los momentos en que Dios recoge mi alma amorosamente, Él se da a entender y enseña su doctrina. Es como si dijera: “Así como Yo te trato a ti, trata tú a los demás, sin llegar a recordarles nada de sus faltas”.

            Otras veces Dios recoge mi alma llenándola de dulzura y suavidad, por la unión que tiene con el alma. Así se da a conocer. Dios da lo que Él es, pues si Él no fuese así, no podría dar lo que no posee. El alma que esto recibe, debe ser dulce, suave, reflejando esa Presencia interior de Dios que le enseña y alimenta su alma de lo que Él es y posee. Es como si Dios hablase por medio de ella, y es así, porque esa dulzura le viene de Dios, que con su Divina Presencia en su alma, se da. No es cosa suya.

            Yo diría que siempre que Dios me da algún conocimiento particular de Él, suele ser recogiendo mi alma profunda y amorosamente. Unas veces más y otras menos.

            A mi me entusiasma éste conocimiento que Dios da del Él en mi alma. En este conocimiento, Dios da un conocimiento especial interior y exterior, para mejor comprender las enseñanzas de Jesucristo y como ponerlas por obra. Además da mucha fuerza para ello si el alma quiere corresponder a la divina Gracia.

 

            Dios a un alma humilde la mira con su amor. Si queremos que Dios nos mire con amor, tenemos que ser humildes y cuanto más humildes seamos, más amor de Dios tendremos.

 

            Copio: “Estas inestimables visitas del Señor que tanto bien tienden a hacernos y que nos permiten ya tratar familiarmente con Él, pueden en algún modo tenerse en toda oración devota, en realidad se tienen, aunque apenas se advierta.

            Cuando esta oración sea del todo fervorosa, ya que éste fervor lo sentimos y lo gozamos cuando Él nos lo da y no cuando nosotros lo queremos y lo procuramos.

            Ese ardor, dice San Bernardo, es la señal de la Presencia del Señor, el cual de éste modo viene a encendernos más y más en su Amor y mostrarnos la complacencia que tiene de vernos conversar así con Él, conversar afectuosamente.

 

            Este es el fin con que has de pedir las visitas de Dios y las gracias que de ella proceden. No por las dulzuras que traen, sino para que el mismo Dios sea glorificado en ellas, y tú quedes alentado a trabajar haciéndote digno de recibir otras muchas mayores para servirle más con ellas.

 

            Así entiendo yo, por lo que he podido experimentar, que el Señor prepara el alma con un toque que le da un recogimiento especial interior y exterior. Así queda el alma dispuesta para poder tratar con Dios.

            En estos momentos el alma no es dueña de sí, sino que está dispuesta para lo que Dios desee de ella, y esto se ve con toda claridad.

            Todo esto hay que recibirlo con mucha humildad, pues el alma no merece estas gracias. Dios la da por su gran Misericordia. Hay veces que las da por que son almas muy débiles y necesitan que Dios las ayude para poder alcanzar sus deseos de ser toda de Dios.

 

            Dice San Pedro de alcántara: “Dejar la meditación por amor a la contemplación”. En este tiempo deseche el hombre todas las imaginaciones que se le ofrecieren, no especulando por entonces cosas particulares de Dios. Conténtese con el conocimiento que de Él se tiene por Fe, y aplique la voluntad y el amor. Enciérrese dentro de sí mismo, en el centro de su alma, y esté atento como quien escucha. Aún de sí mismo y de lo que hace, se debería olvidar. Porque, como decía uno de aquellos padres: “aquella es perfecta oración, donde el que está orando no se acuerda de que está orando”

 

            El Temor de Dios es el principio de la Sabiduría. En verdad entonces, el alma entonces empieza a gustar de Dios, cuando Él la imprime el temor. Pues el “Temor de Dios” hace al hombre cuerdo, así como la ciencia le hace entendido.

            La diferencia de éste lugar y el primero está en que el primero nos acerca a la Sabiduría mediante las consideraciones de las obras de Dios. El segundo nos introduce en ella mediante la LUZ INFUSA. En uno está como maestro, en el otro como Juez. Pero hay un tercer lugar en que se muestra como ESPOSO. Ahí reina la tranquilidad. Ahí es donde se ve la Misericordia de Dios con los que le temen.

 

            “La verdadera oración –dice San Francisco de Sales-,  es cierto trato y conversación del alma con Dios”. Así también Dios nos habla recíprocamente a nosotros.

            Tú, hermano, si quieres acertar, busca a Dios en tu corazón. No salgas fuera de ti mismo, porque más cerca está Él de ti, y más dentro, que tú mismo.

 

            “Los deseos hacen de los pecadores: buenos; de los buenos: perfectos; y de los perfectos: santos”.

 

 

            Oración al Espíritu Santo: “¡Oh dulce amor de las cosas limpias, pues tú sabes Señor que yo por mí ninguna cosa puedo, extiende tu piadosa Mano sobre mí y hazme salir de mí, para que así, pueda pasar a Ti”.

 

 

 

            DÍA 1-6-1981.

 

            Señor, me encuentro bien. Me veo tan nada que no tengo fuerza para pedirte sufrir. Pero sí te diré que me conformo con tu Voluntad para todo. Cuento con tu gracia y amor, pues sin Ti, nada soy.

           

            El Señor me llena de sus consolaciones. Ellas me dan una fuerza grande para ser de Dios como Él quiera.

            Yo creo, que al verme el Señor tan poca cosa, Él viene y me da fuerzas con su Divina Presencia, como diciéndome: No tengas miedo, estoy contigo. Y siento esa Presencia Divina, que me dá fuerza y me ayuda.

 

            Señor, si Tú no subiste al Cielo sin haber sufrido la Pasión, es justo que nosotros también suframos para ir contigo al cielo.

            Tú Señor sufriste sin culpa, yo con culpa. Tú por amor a las almas, yo para redimir mis muchísimos pecados.

            Señor, cuanto se puede sacar de esta consideración, viendo como Tú sufres por nuestro amor, para que nosotros sepamos sufrir por amor a los demás, y ello por amor a Ti.

 

            El Señor me dice: “Sufre por mi amor, que yo también por amor sufrí por ti”.

 

            Señor, enséñame a sufrir. Que yo sea generosa en el sufrimiento, dándote mucho amor con él. Acuérdate Señor de que para todo te necesito. Señor quiero ser humilde, con una humildad verdadera. No sólo reconociendo minada, sino llevando las humillaciones con humildad y por tu Amor. Que las humillaciones me enseñen a ser humilde. Señor, siguiendo tus caminos, hallé la Sabiduría, porque Tú, Dios mío, eres el Sabio por excelencia y eres el que da la Sabiduría, y das una Sabiduría que nos conduce a la Vida Eterna. ¡Dichoso el que halla tu Sabiduría Señor!

 

 

 

            DÍA 8-JUNIO-1981

 

            Dios mío, si mis deseos son realidades, mis deseos son amarte con la mayor perfección en la forma que Tú quieras. Ya sabes mi DIOS AMOR, que yo nada puedo por mí, así que todo lo espero de Ti, mi dios y Señor.

            A mí me parece que Tú me pides un vencimiento a mis gustos, a mí misma, con un dominio de mí misma lo más posible, para ser fiel a Ti, Señor.

            Privarme de lo que más me gusta. Yo busco darte amor, pero comprendo que no te lo doy todo con la generosidad con que te lo tengo que dar. Mis ansias de Ti son grandes, pero mis hechos son pequeños.