EL VALOR DE UNA OBEDIENCIA TOTAL  

 

           

            Pensando como hacer una entrega al Señor, una entrega total, me parece que el Señor me hace ver el valor de una obediencia total, como se hace ahora, pero una obediencia formal de mis constituciones y a mis superiores, por amor a Dios, sin tener otra mira que entregarme totalmente a Dios, porque así me entrego toda a Él por amor.

            Le doy mi libertad, porque me someto a la suya.

            Le doy mi entendimiento, aceptando lo que me mandan.

            Le doy mi pensamiento, porque me amoldo al suyo.

            Le doy mi voluntad, porque estoy conforme con la voluntad de la obediencia.

            Le doy la pobreza, pues mi vida es amoldarme a la obediencia.

            Le doy mis gustos, caprichos, deseos e ilusiones, porque todo lo someto a la obediencia.

            Le doy mi persona completa por medio de la obediencia y veo que así es una vida de entrega a Dios por puro amor a Él mismo, sin alardear de nada, sin vanidad, con sencillez y humildad. Vivir así la vida de obediencia por amor a Dios, es una entrega total a Dios, pues no hago yo nada de lo que quiero y de lo que me gustaría hacer.

            Todo se lo doy a Dios por medio de la obediencia, Él me ayudará a serle fiel a mis sagrados votos de castidad, obediencia y pobreza. Esto me dará paz, y encontraré a Dios en mi alma que me dirá: Toda te has dado a mi Amor por amor. Yo te recibo dentro, al Amor de de mi Corazón, para que vivas en mí. Yo así, en ti por amor, unidos en amor, vivirás mi gozo de amor. Sé humilde en mi amor.

 

            Señor, no busco ser tuya con comodidad. Yo busco ser tuya con una entrega total a tu Amor dentro de las circunstancias en que me encuentro por mi mucha edad.

 

             Amar es entregarse sin pensar qué se entrega.

            El amor es verdadero, generoso, no escatima nada cuando se entrega, por ama con puro amor y sin intereses personales ninguno.

 

            DIOS ES AMOR.

            DIOS NOS HA SIDO DADO POR AMOR.

 

 

            PRESENCIA DE DIOS.

 

 

 

Quisiera de decirte Señor

tantas cosas de mi amor

pero me veo tan pequeña

para estos deseos de mi corazón

 

Contigo quiero vivir

contigo quiero soñar

contigo quiero caminar

contigo y con nadie m´s.

 

Te llevo en mi alma por la gracia

te siento en mi por amor

yo quiero, Jesús mío,

que esté contento en mi corazón.

 

Tu Presencia Divina es mi alegría

ella es el gozo de mi corazón

tu recuerdo en mi me da la vida

y Tú me llenas de ansias de Tí

con tu Amor.

 

 

 

 

            DÍA 12-AGOSTO-1981

 

            La humildad que da Dios es deliciosa, le hace reconocer al alma su nada y se regocija en ella. El alma dice al Señor: Quiero ser tu esclava, tu sierva, trátame Señor como esclava tuya.

            A un esclavo el Señor lo maneja como quiere, para el esclavo es una gracia que le Señor le ponga a su servicio y así el esclavo le pueda servir con amor. Porque ama a su Señor, porque reconoce que todo lo bueno y todo lo que tiene se lo debe a Él.

            El verdadero humilde no se inmuta porque le humillen, al contrario, piensa: ¿seré lo que me dicen y yo no me lo reconozco? Procuraré corregirme.

 

 

            Si toda mi vida no ha sido un puro amor a Ti, mi Dios Amor, tómalo como si por puro amor lo hubiese hecho.

 

 

 

            DÍA-14-AGOSTO-1981

 

            El Señor me hace entender que el “Amor Puro” es amar por amor a Él los desprecios, las contraiedades, las enfermedades, las humillaciones, etc... Si esto lo sufrimos por puro amor a Él le daremos verdaderamente un amor purísimo.

            Todo esto me lo decía el Señor teniendo mi alma recogida amorosamente en Él después de la Sagrada Comunión. Era como decirme que esos momentos de estar así en Él, me servirían de fortaleza en mis tribulaciones.

            Estos momentos en que el alma se encuentra a así recogida en el Señor, recibe una fuerza grande para poder vencer las dificultades que se presenten, ayudan mucho para ser fiel a Dios y enseñan mucho la nada que son las vanidades del mundo, que si no se frenan, hacen mucho daño para la vida espiritual y de perfección, si se quiere dar a Dios amor con limpieza de corazón.

 

 

            Señor, se oyen tantas cosas, que yo me lleno de pena. Pienso: ¿no entenderé bien mi vida espiritua?

            Pero, pienso también cómo va a haber verdadera contemplación con la vida que hacen algunos consagrados a Dios. ¿Ya no hay conciencia para tener las almas limpias y dar a Dios un alma pura donde Él se pueda recerar y encontrar ése amor que busca?

         

   "BUSQUÉ AMADORES Y NO LOS ENCONTRÉ"

  

          A mi esto me llena de pena y de dolor.

 

          Ser humilde es una flor exquisita para Dios.

 

            Santa Teresa decía que a veces sucede en el recogimiento y en la quietud, no excluirse del todo el propio trabajo es industria, y suele ser preciso empezar casi siempre meditando. Cosa que, como advierte San Juan de la Cruz, no sucede ya en las almas perfectas. En estas –dice- cuando se ponen a orar, es de altísima contemplación.

            Por lo poco que yo he podido experimentar, que verdad es lo que dice San Juan de la Cruz. Cuando el alma vive ya habitualmente ese recogimiento interior, que por ser ya habitual no lo nota, pero lo experimenta. En cuanto se pone a orar, se encuentra hablando con Dios de amor amorosamente. Hay veces que aumenta ese recogimiento, se cierran los ojos y se goza de Dios dulcísimamente.

            Yo creo, que todas estas clases de oración, con estos recogimientos especiales de Dios, dan una fortaleza grande para ser fieles a Dios en los momentos difíciles de la vida. Si verdaderamente el alma está así fortalecida por Dios, pase lo que pase es fiel a la gracia y no pierde la paz.

            “Este recogimiento infuso es más que de principiantes y no lo tiene el alma sin la gracia de Dios. Aquí es donde los aprovechados suelen sentir y recibir muchas cosas de Dios. Entrando Dios en el alma hay calor y vida. Y faltando Él del alma frío, amargura y muerte”.

            “¡Si entrares dentro de ti a Dios muchas veces aldía, siempre saldrás con ganancia y en breve alcanzarás recogimiento. Cuando te haya hecho Dios esta merced, no la trocarás por todos los tesoros ni riquezas del mundo!”

 

            Los contemplativos –decía Orígenes- están en la casa de Dios, mientras que los que llevan una vida activa se quedan en el vestíbulo. Esto es lo mismo que decía Santa Teresa en otros términos diciendo que a los primeros los sienta el Señor a su mesa y le da a comer de su plato, mientras que los segundos están lejos de Él ocupados en cultivar su viña.

            Pero el Señor oculta, y por mucho tiempo, esos agradables favores, a fin de que el alma se funda en humildad.

            Debe perseverar ella en sus esfuerzos y luchar hasta llegar a la paz perfecta y a la plenitud de los gustos divinos. Estos no se conceden sino a las santas almas, que son verdaderos mártires y perfectos confesores. Los que van avanzando, pues, hacia la perfección pueden, en parte, gustar a Dios, más gustarle plenamente está reservado a aquellos en quienes todo lo que es humano ha quedado absorto por lo divino.

            El AMOR, según dice San Agustín, cuando es perfecto, hace contemplar con la vista purísima del alma las cosas interiores y sobrenaturales. Por el amor se llegan a ver los secretos del mismo Dios. El alma a quién visita el Amor Divino, añade San Agustín, es despertada cuando duerme, el amor la excita, la ablanda, la hiere el corazón, ilumina sus oscuridades, la abre lo que está cerrado, la inflama cuando está fría, amansa su condición, ahuyenta sus vicios y renueva su espíritu. Así de tal modo  hace oración, como si fuera arrebatada de este mundo.

 

            Contemplo una fotografía mía en la que me veo vieja, sin sombra de lo que he sido, y mirándola: aquí está una vida gastada en el Amor de Dios, pues han sido todas estas luchas  que se han pasado para dar amor a Dios.

            Mis faltas, mis debilidades, mis caídas, mis prontos de carácter, no ser humilde y tantas cosas más, todo ello me servía para humillarme más ante Dios, y Él, al ver mi humillación, me miraba con amor. Y vuelvo a vivir con la esperanza de ser fiel, pero mis debilidades me hacen volver a caer, a no ser fiel como pensaba, a no ser generosa con los demás. Y vuelta a humillarme, a pedir perdón al Señor. Y el Señor me sigue mirando con amor viendo mis deseos de amarle a pesar de mis fracasos.

            Yo veo aquí, al contemplar mi foto de vieja, una vida gastada al servicio de Dios, por amor a Él. Una vida de lucha, y una lucha contras mis debilidades que son muchas, para darle amor a Dios. Para darle un amor puro que no consigo, pero por el que, para conseguirlo, seguiré luchando, dentro de mi pequeñez. Lucharé sin descanso con la gracia de Dios para dar a Dios esto amor que sueño. Le quiero dar sólo Puro Amor, a Él mismo, a mi Dios Amor.

 

            Señor, si toda mi vida no ha sido de amor a Tí, tómala como si lo hubiera sido, toda de amor para Ti, mi Dios Amor.

 

             Escribo un texto de Jose María Escrivá: “Me han dicho cosas que no esperaba. He sufrido desaires. Mi reacción sobrenatural es perdonar y aún pedir perdón, aprovechándome de las experiencias, para despegarme de las criaturas. Cuando venga el sufrimiento, el desprecio, la cruz, has de considerar: ¡que es todo esto para lo que yo merezco!

 

  

            DÍA 31-AGOSTO-1981

 

            Muchas cosas podría decir hoy de mi oración. Le contaba al Señor mis deseos de ser de Él, le explicaba mis debilidades, mis ansias de ser suya, mis fracasos para lograr lo que quiero, etc... En esto, el Señor recoge mi alma, me tiene junto a Él, descansando mi alma en Él, como diciédome: “Siempre estoy contigo, soy tu fortaleza”.

            En esos momentos yo no estaba en este mundo, me parecía verme en el cielo gozando de Dios, unida a Él por amor, en el gozo de Dios que llena el alma de felicidad.

 

            “...tu alma está virgen de pecado...”

 

            Señor, me veo fracasada por todos lados, sobre todo en el Convento, no acierto nuca lo que digo.

 

            “Si estos fracasps los llevas con humildad, sirven para darme mucha gloria y que otros también me la den”.

 

  

            DÍA 8-SEPTIEMBRE-1981

 

            Señor, quisiera que esta Presencia tuya interior que me haces sentir, se reflejase en mis buenas obras y en fidelidad a tu Amor.

            Quisiera también que todo el que se acerque a mi, marche contento y amándote más y más a Ti.

            Señor, que yo sea humilde por Puro Amor a Tí.

            Señor, que yo vea mi nada y que reconozca que todo te lo debo a Ti. Esto ya lo veo Señor, pues veo y reconozco mi nada, mis miserias y que sin Ti nada, Señor, soy.

            Señor, profundiza más en mi, en esta nada que soy y que me vea siempre necesitada de que Tú, Señor, me lleves de la mano, para obrar el bien por Puro Amor a Ti

            Señor, cuando recoges mi alma y la haces volar a tu amor, descansando en Ti amorosamente, que todo ello me sirva para ser humilde y más tuya, para amarte con más Puro Amor y con mayor aumento de fe.

            Señor, cuando tenga que sufrir que siempre lo vea como una prueba de tu Amor a mi, y que lo permites para que mi amor, en el sufrimiento, sea un amor más puro a Ti.

            Señor, que haga las cosas como más te gusten a Ti, sin mirarme a mi misma.

            Señor, te quiero amar, y darte mi amor puro a Ti, sólo a Ti y para Ti.

  

            Esta vida espiritual –decía el P. J. Gibert sobre la vida de santidad- no llega a su perfección, a un alto grado de santidad, sin una acción contínua de la gracia, la cual produce un aumento de pasividad en el alma y además una unión cada vez más constante del pensamiento y de la voluntad con Dios. No hay, por tanto, santidad sin una vida de oración cada vez más contínua y ni tampoco sin una prurificación íntima.

            Es este ejercicio de la oración afectiva –añade el P. J. Gilbert- el lenguaje del corazón que habla el Verbo y el leguaje del Verbo hablando al corazón.

            Unas veces pone al alma en una simple atención para escuchar a Dios, cuya palabra produce maravillosas impresiones, otras la excita a hablar ella misma, conversando familiarmente con Dios, derramando su Corazón en presencias suyas y consumiéndola en las llamas del Amor. En este trato de conversación íntima trabaja poco el entendimiento.