LA CONTEMPLACIÓN, ANSIA DE TODOS LOS SANTOS

 

           

            La Contemplación, dice San Francisco de Sales, “no es otra cosa sino una amorosa, sencilla y permanente atención del espíritu a las cosas divinas”. “El vino de la contemplación sólo se da a gustar a los amigos, y a los muy amigos se les da hasta embriagarse”.

 

            En pocas palabras está muy bien dicho esto de la contemplación. Cuando añade a los muy amigos, nombra a los de vida perfecta, a los limpios de corazón, a los humildes, a los sencillos. Los muy amigos son los que no escatiman nada de lo que les pide el Señor. A estos, a los muy amigos, se les da hasta embriagarse.

            Todo esto es precioso, si se fija uno en lo que dice y en lo que quiere decir. Procuremos ser de los muy amigos de Dios y acompañarle tanto en el Tabor como en la Cruz.

            Este gusto de Dios –dice el P. Gron-, esta ciencia experimental, ha sido objeto de los deseos y ansias de todos los santos. Mas, para que Dios se comunique así, añade, hay que entregarse enteramente a Él, pues no concede tan señalada gracia, sino a sus caros amigos.

 

 

            Hoy se deja sentir el Señor dulce y suavemente en mi alma. Que fáciles se ven entonces los sacrificios que nos pueda pedir el Señor y con qué gusto el alma se los quiere dar, por puro amor.

            Estas vistas de Dios tienen la particularidad de que lo difícil, lo hacen fácil, y lo que es costoso, se da con gusto.

            Esta fuerza que da Dios en momentos así, sino se experimenta, no se puede explicar. El alma sale cambiada y dispuesta para todo lo que Dios la pida.

            ¡Gracias Señor por todo!

 

            SUS GRACIAS DIOS LAS DA.

            SUS INTIMIDADES DIOS LAS DA.

           

 

            DIA 26-JUNIO-1981.

 

            He de procurar vivir con la mayor fidelidad posible. Cuantas menos faltas haga, más cerca y unida viviré con el Señor, al cual le gustan los corazones limpios. Así cumpliré mejor el voto que tengo hecho, de hacer las cosas con la mayor perfección.

            Dios me pide una cosa, y cuando se la estoy acabando de dar, me va pidiendo otra. Así me va despojando de todo lo que es estorbo, así vivir con Él en mi alma, sin que haya tropiezos que le sean desagradables. Y encontrando mi alma más limpia, Él pueda vivir su Amor en mí.

 

            Yo, Señor, te doy con gusto lo que quieras, y así ir dándote mi amor más limpio y agradable a Ti, y todo por puro amor a Ti. Cuanto más me propongo, más tropiezos doy. Gracias Señor porque así me humillas. Necesito pasar muchas humillaciones, y recibirlas de tal manera, que sean para mí una alegría el poderlas recibir. Me propongo, y deseo, tener el alma limpísima, adquirir más grados de unión a tu Amor, vivir más unida a Ti. Para esto, tengo que perfeccionar mi vida, cumplir mejor mi voto de perfección.

            Con mis tropiezos me hacer ver la nada que soy, menos que una hormiga y quiero volar como el águila. Pues poco me conozco, por eso necesito tropezones, para que me vea la nada que soy y me vaya conociendo mejor. Gracias Señor por la humillaciones que pones en mi camino.

            Señor, me gusta mucho pensar que habitas en mi alma por gracia, fe y amor. Por eso, me gusta recogerme en mi interior, para estar contigo hablándote, adorándote, amándote. Para esto tengo que ser muy fiel a tus deseos y generosa en mis obras contigo y con los demás.

 

 

            Los pecados veniales impiden el fervor de la caridad. Nuestras faltas de observancia, a las cuales no solemos dar importancia, nos impiden llegar a la oración de simplicidad, que es lo que esperan de nosotros nuestros fundadores.

            Si vivimos según las virtudes, ya es, o puede ser una vida imperfecta. Pero, si vimos según los dones, es ya una vida sobrenatural.

 

 

            Mi oración ha sido hoy fervorosísima, dulcísima. Todavía me dura este dulcísimo recogimiento en que el Señor pone mi alma. Es un recogimiento que se apodera de todo mi ser, hasta mi cuerpo goza de él con una paz y una dulzura deliciosas que dan mucho fervor. Este dulcísimo recogimiento da grandes deseos de ser toda de Dios, cueste lo que cueste.

 

 

 

            DÍA 29-JUNIO-1981

 

            Yo busco a Dios por encima de todo. No busco sus goces, ni sus consuelos, le busco a Él. Si Él me da sus gozes, los recibo encantada, por ser cosa de Él. Todo lo que es de Él, para mí es un gozo.

            Si tengo que sufrir, sufriendo por Él, mi sufrimiento lo convierto en gozo, pero siempre necesito de su gracia, sin la gracia del Señor, nada soy. Me veo muy pequeña para los vuelos de águila, por eso, en el Señor pongo toda mi confianza y fortaleza, porque mi fortaleza es Dios.

            En mis debilidades diré como san pablo: “Soy fuerte en mis debilidades, porque el Señor es mi fortaleza”.

            Sueño con ser toda de Dios, y me veo tan nada para lo que yo quisiera ser. Por eso digo que sueño, porque no veo en mi las realidades que quisiera ver.

 

            Señor, ayúdame, que quiero ser tuya siempre.

 

            Mi oración ha sido de un gran recogimiento, suave, delicioso, profundo. ¡Gracias mi Dios Amor!

 

 

            DÍA 30-JUNIO-1981

 

            Hoy ha venido mi director. Todo lo que le digo, o casi todo, le parece bien. Me dice como debo hacer las mortificaciones. Durante la comida sólo una, dos a la mañana y dos por la tarde. Ahí entran la de la comida y el rosario, del cual suelo rezar los tres Misterios de rodillas por la Santísima Trinidad. Me gusta mucho recordar a la santísima Trinidad en las cosas que hago. Procuro que sean tres cositas diarias en honor a la Santísima Trinidad.

            Al Padre le digo los grandes deseos que tengo de ser de Dios, de ser suya, pero que alomejor son sueños, pues no veo en mí las realidades que quisiera ver. Quisiera ser humilde hasta dejarme pisar, pero ¡cuánto me cuesta! Yo creo que esa cosas no deben costarnos cuando uno quiere ser de Dios, al contrario, alegrarse de ofrecerse de así a Dios por Amor. Si se coge el hábito de una virtud, ya no tiene que costar. Para esto hay que trabajar mucho, sobre todo en la oración, y reconocernos nada delante del Señor, reconocer la nada que somos. Pedir a Dios la ayuda para poder conseguir deseos de perfección y ser así más agradable a Dios, dándole más fino y puro amor a Él, por ser quién es, amándole sobre todas las cosas.

 

            “El sufrimiento llevado por Dios, debe ser gozo”

 

            En esta temporada mi oración es de bastante recogimiento exterior e interior. En esos momentos me ofrezco a Dios sin condiciones, pero le digo que sin su gracia, nada soy. Me veo muy pequeña para mis vuelos de águila, por eso en el Señor pongo toda mi confianza. Estoy obligada a cumplir las cosas de obediencia y constituciones, sino falto, esto ha de ser lo primero en que tengo que ser fiel. Pero estas otras cositas que son de devoción, son como delicadezas de amor que ofrezco a Dios.

 

            Los dones del Espíritu Santo, para su buen ejercicio, reclaman mucha sencillez y pureza en la práctica de las virtudes.

 

            Yo tengo ansias de Ti, Señor.

            Yo tengo hambre de Ti, Señor.

            Yo tengo sed de Ti, Señor.

            Como por la gracia que creo tener habitas en mi alma, para que te voy a buscar en otra parte, si estás en mí.

            Yo me recojo en mi interior, para estar contigo, Señor, para hablar contigo, Señor, vivir unida a Ti, Señor. Así, Tú, Señor, me posees, yo te poseo, y vivimos los dos unidos por Amor. Tú en mí, yo en Ti, Señor.

            El que íntimamente vive con el Señor, hace obras de Dios. Así, las obras son divinas, porque son hechas con Dios.

 

 

            Dice Don Ricardo de San Víctor y Hugo: “La contemplación lleva delante de si, de ordinario, como tres doncellas que la van abriendo camino. Conviene a saber: Lección, Meditación, Oración. La lección pone el manjar sólido en la boca, la meditación lo rumia y quebranta, mientras que la contemplación es la misma dulzura que recrea y regala el corazón, pues la oración ha adquirido el sabor para esa dulzura”.

 

            Hay pocos contemplativos porque muchos se ocupan en la lección, algunos en la meditación poco atenta y devota, y nunca perseverante. Y mucho menos en la oración, en que se pide con ansias y deseos. Casi ninguno llega a la contemplación, donde se gusta cuán suave es el Señor.

            Es de suponer, que el que llega a la contemplación ya procura vivir la vida de perfección.

            El Señor aquí nos enseña como tratar a los demás, sin recordarles sus faltas, a tratarles con suavidad y amor, como el Señor nos trata a nosotros en la contemplación.

 

 

            DÍA 5-JULIO-1981

 

            Vengo de comulgar. Antes he sentido hambre de Ti y deseos de poseerte Señor. Cuando ya te he poseído en la sagrada comunión, he sido feliz. Aunque por la gracia te poseo siempre, eso me hace vivir feliz, los dos unidos por amor, Tú en mí, yo en Ti.

            Cuando te siento en mi alma tan amorosamente soy felicísima, porque mi ilusión y mi amor eres Tú, Señor.

            Tú, Señor, me das la vida con tu Sagrado Cuerpo y tu Preciosísima Sangre, y por medio de tu divina Palabra haces que yo viva esa vida. Por eso Señor Tú eres todo para mí. Yo sin Ti nada puedo, me veo la nada, la misma miseria. Así que todo te lo debo a Ti, mi Dios Amor. Gracias mi Dios y Señor.

 

            Amo mucho la santísima Humanidad de Jesús, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

 

 

            DÍA 7-7-1981

 

            El Señor me recoge en la oración. ¡Se está tan a gusto cuando el Señor recoge mi alma! Allí sólo da deseos de ser más y más de Él.

            Hay veces que tengo distracciones, pero como yo no las quiero, las quito cuando me doy cuenta. Creo que estas distracciones me las da el tentador para desviarme de la oración que el Señor me da y en la cual el alma se encuentra feliz.

            A mi me parece que Dios permite estas distracciones para probar cuanto le ama el alma. Al quitar estas distracciones el alma se da cuenta y va dando pruebas a Dios de un amor más generoso y fino. Creo que si el recogimiento fuera más profundo estas distracciones no existirían.

            Cuando las distracciones que se dan en la oración, se quitan al darse cuenta el alma, Dios lo ve con agrado, ve su mérito y lo que el alma trabaja y se esfuerza por quitar todo impedimento por agradable que sea. Quitar las distracciones es una prueba de amor.

            La oración, cuando Dios recoge el alma, siempre deja su doctrina de como amar, mejor y con mayor fidelidad, a Dios.

            Para estas cosas el alma tiene que estar dispuesta a desprenderse de todo lo que Dios la pida, con fidelidad y con amor a Él solo. Si no hay este desprendimiento, el alma no podrá llegar a este trato con Dios, donde Él se comunica al alma, dándola a conocer sus deseos de amor y como quiere que le ame.

 

            Esta noche oscura –dice expresamente San Juan de la Cruz- es una influencia de Dios en el alma, que llaman los contemplativos Contemplación Infusa, o Mística Teología, en que de secreto enseña Dios al alma y la instruye en perfección de amor, sin ella hacer nada, ni entender cómo es esta contemplación infusa.

            Dios enamora al alma, y dejándola en libertad, la hace suya por Amor. El alma se entrega libremente a Dios por Amor.

 

 

 

            DÍA 9-JULIO-1981

 

            “La Mística Teología, que quiere decir Sabiduría de Dios, secreta o escondida, en la cuál, sin ruido de palabras, y sin ayuda de algún sentido corporal o espiritual, como en silencio y quietud, a oscuras de todo lo sensitivo y natural, enseña Dios, ocultisima y secretísimamente al alma, sin ella saber cómo, lo cual llaman algunos espirituales entender no entendiendo”.

 

            Señor, yo pienso que sí será así el entender no entendiendo, porque cuando Tú, Señor, visitas el alma y esta siente tu divina Presencia, no sabe cómo ha venido, no entiende lo que pasa en el alma con tu Divina Presencia, no entiende cómo Tú te retiras. Pero entiende que has estado allí , Tú, Señor, que dejas el alma enamorada, llena de Ti, con grandes deseos de ser tuya a cualquier precio, la has hecho vivir de tu Vida y te has hecho sabroso a ella, la has dado la fuerza de tu Amor para que te ame, la dejas llena de santa paz y el alma ve que la has llenado de tus bienes. ¡Gracias por todo mi Dios Amor!

 

            En vano nos esforzamos en tener esta presencia de Dios –observa el P. Lallemant-, si Él no nos la da. Es un puro don de su Misericordia. Esta gracia es un fruto de una gran pureza de corazón y conduce al alma a una íntima unión con Dios.