LA CONTEMPLACIÓN ES AMOR.

 

 

DIOS DA SUS INTIMIDADES

 

 

            Señor, en la oración me das gran recogimiento. En este recogimiento me haces sentir tu presencia divina con dulzura, suavidad y amor. Al sentir esta presencia divina tuya Señor,, siento tu contacto divino en mi alma, contacto real, y me das un conocimiento tuyo de como eres todo dulzura, suavidad, amor... Si Tu, Señor, no fueses eso que yo siento, no me lo podrías comunicar, por eso, es un conocimiento tuyo divino en mi alma. Con razón me dijiste una vez: "Pocos me conocen como tu me conoces". Gracias Señor.

            Si Tu, Señor, me dices que piense en lo que siento, tengo que decirte esto que te digo.

            El Señor me da a entender, que no debo extrañarme de tener estos deseos de santidad, de perfección. Y sigue diciéndome: "Quiero que tu alma sea un jardín oloroso de virtudes donde Yo me pueda recrear con amor, y donde encuentre ese amor a mi Amor".  

            Trato de recordar las gracias que el Señor me ha dado durante mi vida, y las que ahora me da. Son innumerables, pues si empezase a contarlas, no terminaría jamás.

            El Señor me da a entender, que lo que desea de mi, es que viva la vida contemplativa, la cual es vida de perfección. Que la viva santamente, que si se viviese santamente, los conventos de clausura de vida contemplativa, estarían llenos de santos.

            Esta vida contemplativa consiste en ser fieles a nuestros votos, por ellos nos consagramos a Dios, y El nos quiere fieles a nuestra palabra de consagradas. Pero, fieles en todo, con una fidelidad generosa, tanto en las cosas pequeñas, como en las grandes. Todo tiene su valor. No debemos despreciar nada por pequeño que sea, la cual podamos hacer por amor a Dios, pues, así le vamos dando amor, amor y más amor, a El, que es todo amor y que tanto nos ama.

            El Señor ama mucho a las monjas contemplativas[1]. Son para El un jardín escogido en el que puede encontrar flores de suave fragancia, virtudes impregnadas de delicado perfume, todo esto muy querido por El. En las almas contemplativas es donde El espera poder recrearse de tanto como se le ofende. Si las  contemplativas vivimos fielmente nuestra vida consagrada, entonces seremos para el mundo un ejemplo de virtud, ejemplo que arrastrará a muchas almas a vivir una vida santa, según el estado de cada uno. De esta forma dirán de nosotras que vivimos lo que decimos, nuestras obras hablarán por nosotros. Tenemos que hablar de Dios, de su bondad, de su misericordia, de su amor, pues tenemos que reflejar a Cristo en cada momento con el ejemplo de nuestra vida. Nosotras no nos hemos consagrado para hacer nuestra voluntad, sino para cumplir nuestros votos de consagradas: la castidad, la pobreza, la obediencia. Esta obediencia no podemos cambiarla a nuestro gusto, o cambiarla según nos parezca a nosotras. Tenemos que ser muy fieles, viendo en la obediencia a Cristo, y cumplir lo que se nos dice sin rodeos y sin vueltas a nuestro gusto. Tenemos que hacer lo que manda la obediencia, esto nos dará mucha paz en el alma[2]. Y para la oración es un camino amplio que nos lleva a la unión con Dios. Tenemos que procurar que otros vivan la vida de Cristo, estamos obligadas a esto, reflejar a Cristo y darlo a vivir a los demás por amor a El mismo. Con esto no hacemos más que lo que debemos, osea, vivir nuestra verdadera consagración y ser verdaderas contemplativas. Quién nos mire, pueda exclamar, que vivimos de Cristo, damos a Cristo. ¡Que hay más grande que dar a Cristo con nuestras buenas obras!.

            Al tratar con almas consagradas, nos enseñas por pequeños detalles, como viven sus vidas consagradas. Uno no quiere hacer tal cosa por no faltar a la obediencia, otro no presume de nada, se le ve humilde, otro habla con aire de recogimiento encantador, sin afectación, y es que ama la pureza de las cosas, la castidad en su alma.

            El recogimiento de la vista, el no querer verlo todo, nos guarda excelentemente para nuestra pureza interior de alma. Son almas de delicada conciencia, que dan amor a Dios.

            Todas estas cosas y otras, son formas de ir dando a Cristo, y reflejarle en nuestra manera de actuar, haciéndole por puro amor a Dios.

 

*    *    *

 

            Pensando en lo costoso que es estar con personas de carácter difícil, yo decía: Voy a procurar huir de ciertas personas. Pero, hoy, después de la comunión, el Señor me ha hecho ver el amor que le puedo dar no rehuyendo a personas así, estando complaciente con ellas, perder de mis derechos para complacerlas. Esto me ha llenado de alegría. Procuraré agradar a Dios, agradando a los demás.

            Eso es lo que busco, dar a Dios mucho amor, costoso, difícil, difícil, un amor que me cueste, lleno de generosidad, y todo por puro amor a El mismo.

            Hay personas a las cuales no se puede contrariar, aún de que lo que dicen carece de razón, sin embargo es un buen vencimiento el dominarse para acertar lo que debemos decir, sin llegar a herir a estas personas tan absolutas y difíciles.

            Siempre hay que sostener la verdad. Hay veces que uno podrá disimularla sin mentir, pero mentir nunca, aunque ello nos cueste algún sufrimiento. Para todo confío en el Señor, porque El me ayudará en cada momento ha hacer lo que es de su agrado. Y así, dar amor a mi Dios Amor.

 

            Me escribe mi director, al cual en una carta le le expuse mis fallos y mis sublimidades. Me dice que voy bien. Esto me tranquiliza en mi vida espiritual, y doy gracias a mi Dios Amor.

 

            Somos almas consagradas, conservemos nuestras almas como se conserva un cáliz consagrado, que no se usa más que para poner la Preciosísima Sangre de Cristo. Tenemos que conservar nuestras almas limpias de toda falta voluntaria para el servicio a Dios, y así, Dios, que habita en nuestras almas de una manera especial por nuestra consagración, hará de nuestras almas la morada de sy delicioso amor.

 

           *    *    *

 

            En la lectura de esta tarde en un libro del Padre Arintero, como J. Pastor le pregunta cual es la diferencia entre un toque substancial y una palabra substacial. No me ha dado tiempo a avanzar en la lectura y me he quedado sin saber la contestación.

            A continuación, durante la oración he sentido la presencia divina tan profundamente, que era como si algo traspasase mi corazón. Era tan dulcísimo que pensé morir. Creo que nunca la había sentido así, tan dulcemente. Luego, el Señor me da a entender que esto es un toque substancial, como enseñándome lo que no pude acabar de leer.

            Me llena de admiración las delicadezas del Señor para mi, que sólo soy un montón de miseria. Creo que le da pena verme tan nada y llena de deseos, por eo creo que me trata así. ¡Gracias mi Dios Amor!

 

            *    *    * 

           

    El señor me da a entender el provecho espiritual que sacaré si estoy mucho tiempo contemplando un crucifijo. De esta forma iré entendiendo lo que El nos enseña, lo que El nos dice.

            Vemos sus brazos abiertos como diciéndonos: los tengo extendidos para abrazaros con mi misericordia. Nos enseña su paciencia, sus sufrimientos por nuestro amor. Y por eso sufre, para salvarnos, para hacernos hijos de Dios, hermanos suyos, herederos de su gloria. Cuanta paciencia con los que le injurian, como les disculpa y perdona. Con que amor nos mira dentro de sus grandes sufrimientos. Estando El sufriendo por nosotros nos deja a su Madre Santisima, para que sea nuestro amparo y consuelo. Le vemos despreciado, desprendido del todo para darnos su amor y enseñarnos a amar. Le abren el costado, para sí enseñarnos que de El nace la Iglesia. Por eso es iglesia de amor, porque nace del amor de Cristo.

            ¡Tanto se puede llegar a aprender contemplando lo que para nosotros es un crucifijo! Comprendo, que si contemplara despacio un crucifijo, aprendería mucho para ser sencilla, humilde, sin doblez, tener más caridad.

            Jesús a sus perseguidores no les recuerda los milagros que hizo para curarlos, calla, sufre, siendo El todopoderoso.             ¡Cuanto enseña Jesús desde la Cruz!

            La contemplación, el Amor, su fondo interior, sus intimidades, todo el Señor nos lo da.

 

      *    *    *     

 

            Sigo contemplando el crucifijo. Nos dice tanto su amor. Le contemplo a la cruz clavado, sufriendo lo indecible por mi amor.

            Al ver Jesús tus manos clavadas, pienso que con el peso de tu Sansimo Cuerpo, se abrían más tus heridas. Y lo mismo pienso de tus pies clavados. ¡Cuanto sufres Señor! Y si te pregunto por quién sufres, me dirás: por ti, por tu amor.

            Verte así despreciado, Tu que habías hecho el bien por donde ibas, con tantos milagros, obras, enseñanzas. Cuanto sufriría tu Corazón viéndote maltratado, injuriado, despreciado, cuando hacía sólo días, te aclamaba la gente con tanto entusiasmo en la entrada triunfal de Jerusalén. Y ahora, cuando te han clavado en la Cruz, te dejan sólo. ¡Que ingratitud!

            Te acompañan los que te quieren bien de verdad, tu Santisima Madre, San Juan, María Magdalena, y algunos otros. Señor, que yo sea de los que te aman de verdad, y por tu amor acompañe a los más necesitados tanto en el cuerpo como en el alma, en ellos te vea a Ti, mi Dios Amor. Que sepa callar como Tu callabas, que sepa sufrir sin quejarme, como Tu sufrías en la Cruz, que sepa perdonar como Tu perdonaste, que no presuma de mí, pues, nada soy sin Ti, que tenga delicadeza de disimular las faltas de otros, como Tu disimulas las mías, y todo hecho con amor generoso y por tu amor, mi Dios Amor. Comprendo que me he detenido poco para mirar el crucifijo y pensar todo lo que nos dice y nos enseña.

 

            Hace unos días vino a una joven, para ver si le gustaba nuestra vida. Venía recomendada por un religioso, el cual era conocido del monasterio. Estuvo unos días, y le gustó nuestra vida. Más tarde, escribió diciendo que lo había pensado bien, y que se decidía a venir para empezar su vida religiosa.

            Al cabo de unos dos meses, que fueron más de dos meses, vino por fin para comenzar la nueva vida. Llegó contenta y decidida y la acompañaba su director. Después de algunas semanas, la empezaron las dudas pensando en lo que había dejado y en las dificultades que encontraba. De esta forma, comenzó a dudar de su vocación, sin embargo, se veía que ella quería contentar a Dios.

            Escribo esto, para hacer ver como el demonio se mete entre medias para perturbar y enfriar una vocación, o quitarla si puede. Todas esas dudas son tentaciones para estorbar esos buenos deseos de darse a Dios con generosidad. Para combatir todo esto, debe rechazar todas las dudas, y rechazarlas como malos pensamientos. Y con esta disposición, sólo pensar como llegar con más generosidad y fidelidad a la meta que se ha propuesto, que es darse a Dios con una entrega total llena de amor a El mismo.

            El amor todo lo puede, lo difícil lo hace fácil, lo costoso, suave y ligero. Si el demonio ve que no se le hace caso, se retirará, y el alma podrá seguir fielmente su vocación. Así, habrá triunfado, y el Señor la mirará con mucho amor. Verá el Señor que sabe luchar, y que en la lucha sale victorioa, porque se ve que ama a Dios en espíritu y en verdad.

            Una vocación tan pensada y bien preparada tiene que ser verdadera. Que no nos valla a pasar lo que al joven rico, que por pensar y darle pena lo que dejaba, no fue fiel a la llamada de Jesús. ¡Como disfrutará el demonio viendo que por un puñado de cosas dejamos lo principal, que es seguir a Jesucristo y vivir con El para siempre! Pensemos bien lo que esto supone.

 

*    *    *  

 

             Recordando lo del toque substancial, el Señor me hace ver cuanto le gustó la obediencia de cerrar el libro sin poder acabar de leer la explicación. Dios me enseñó lo que no medió tiempo a leer, haciéndome experimentar lo que es un toque substancial. El Señor me hace gustar las cosas divinas. esto da una fuerza interior inmensa para la vida espiritual de perfección. Es una gracia de Dios difícil de explicar, porque en esta gracia se encierran muchísimas otras, y cuando se vive de ellas, entonces se ven y se comprenden.

 

            En mi lectura de hoy, leo sobre lo mala que es para el alma la tibieza. Después de otras muchas que leo antes y después, pone este ejemplo: Es cierto, que cuando una olla está hierviendo, no llegan las moscas a ella, más después que se enfría, se llegan todas hasta ella.

            Cuando un alma tiene fervor, todas las tentaciones huyen. Cuando un alma está tibia todos los demonios la dan guerra.

            Los remedios para evitar la tibieza son: pensar en Dios siempre, tener el pensamiento de la muerte, hacer lectura espiritual, tener oración vocal, guardarse de pecados veniales los cuales apagan la devoción y el fervor, pedir al Señor el espíritu de devoción, determinarse a no dejar los ejercicios espirituales se esté seco o devoto. Procuren siempre consejo de hombre espirituales que le guíen, y no vaya descuidado a pasr donde no piensa. ¿Cual es la diferencia que hay entre el religioso que sirve a Dios, y el que no le sirve? Yo la diré, y es breve de saber. El religioso que sirve a Dios tiene aquí gloria de mayor perfección. Por el contrario, el que a Dios no sirve, tiene acá el infierno, y después infierno perpetuo de mayor corrupción.

            El descuido del corazón en la madre de la tibieza.

            ¡Queréis cumplir con Dios y con el mundo! 

            ¡Queréis que os ame Dios, y vosotros no queréis amarle a El.

            ¡Queréis parlar de día cuanto pudiereis, y queréis venir de noche a rezar!

            Pues sabed, que el pecado venial es la puerta del pecado mortal.

            Es cierto, que más de llorar es lo del religioso flojo, que lo del pecado engolfado en vicios, porque este pena y anda en el camino de la perdición. Pero el religioso que no lo es de costumbre, sino de hábito, con su vana confianza va a parar al infierno.

 

            *    *    *

 

            Hoy es día de retiro personal. He leído más acerca de la tibieza. Me ha impresionado lo fácil que es caer en la tibieza por dejarse llevar de la rutina, de la vida cómoda, de no llevar la vida espiritual con el fervor y el amor a Dios con que hay que llevarla, y de tantas otras cosas que pueden hacer que nos enfriemos.

            Me da mucha pena que luchando para dar más amor a Dios, en vez de subir a mayor amor, bajamos a veces por dejarnos llevar de las pequeñeces, yendo a caer en la tibieza, por lo que haremos las cosas con frialdad y desgana, en vez de poner nuestros cuidados y afanes en dar a Dios un amor puro, fiel y generoso.

 

            Tu, Señor, no me enseñas eso en la Cruz. La Cruz me enseña a ser humilde, a ser generosa con todos, a sufrir callando, a vivir como Tu viviste, y todo hecho por amor a Ti, y por este amor, amar a los demás.

 

            Es mucho más mérito, el darse que el dar. Hay muchos que dan, pero pocos que se entregan dándose por amor a Dios, y por este amor a los demás. El no mirarse, el no saber el hombre quién es[3], la presunción de tenerse en mucho pensando que se es algo, acarrea un mal grande que es la soberbia. En cambio, el haber conocido nuestra poquedad, el haber venido a conocimiento de cosa tan baja, acarrea desmayo.

            Nunca vi seguridad del alma, sino en el conocimiento de sí mismo. No hay edificio seguro, sino es hecho sobre hondo cimiento. No veo que haya tiempo mejor gastado, que el que usamos en reprendernos y entendernos a nosotros mismos. De lo contrario, seremos como una casa sin luz, como una medida sin medida ni regla, y por tanto, falsa. Y finalmente, hombre sin hombre. En esto cae el hombre que no se conoce ni examina, pues, quién no se conoce, ni se puede regir como hombre, ni se ve, ni se posee a sí mismo. Estos son lo que olvidados de sí, tienen mucho cuidado de mirar las vidas ajenas, mientras tiene los ojos cerrados para sí mismos y para sus defectos. Estos tiene más de cien ojos abiertos velando para saber lo ajeno.

 

           *    *    *

 

            Tengo que trabajar mucho para tener más suavidad cuando hablo, así me lo ha dicho la madre Superiora. He sentido mucho mucho el haber discutido con ella. ¡Lo he sentido mucho! La madre Superiora representa a Dios. ¡Quién soy yo para discutir enfada! Me ha durado mucho esta pena. Me humillo y pido perdón. Comprendo que me vienen muy bien las humillaciones, me enseñan mucho la nada que soy, y que todo lo bueno que tengo se lo debo al Señor.

            Hoy me propongo tener muy presente, el pensar mucho en como habita Dios en mi alma, tener presente esta presencia de Dios en mi alma por la gracia, hacer las cosas pensando en El, y hacerlas por su amor. Pensar que El me está mirando siempre con amor. Ver como correspondo a este amor.

            Esta presencia de Dios en mi quisiera que fuese contínua, y en ella darle amor, pero un amor generoso y fiel. Saco estas notas de la vida del Padre Arintero: Puntualidad y fervor en todo. No faltar más con tibiezas e infidelidades. Guardar silencio en los desprecios y contradicciones. El primer paso que debemos dar en nuestra renovación, es el violentarnos para renunciar a nuestros desordenados gustos, sólo así es como podremos emprender de veras el camino espiritual.

 

            *    *    *

 

            El Señor ha querido que piense en esta presencia suya en mi alma, en como me la hace sentir y experimentar, en como me la da estos deseos tan grandes de entrar en mi interior, y vivir esta presencia de Dios con sus intimidades.

            Esta presencia tengo que procurar vivirla con la mayor fidelidad posible. Confío en la gracia de Dios para vivirla según sus deseos. En estos días, el Señor me pone mayores deseos para que la viva. Para ello mi vida tiene que ser de mucha abnegación y amor a Dios. Tengo que estar muy sobre mi, en todas mis acciones, de esta forma el Señor me ayudará con su divina gracia.

            Así lo espero Señor por tu gran misericordia. Al darme estos deseos tan grandes de vivir pensando como Tu, mi Dios Amor, habitas en mi alma por gracia y amor, me das a entender que es para ayudarme a vivir mi vida de perfección.

            Quién mejor que El puede hacer de mi esto, siendo yo tan distraída, y faltándome tanto para llegar a ser verdaderamente fervorosa. Para todo confío en el Señor, yo soy la misma nada.

            Ayer tuve una humillación. Doy gracias al Señor. A lo primero me costó serenarme, pero luego reaccioné, y quedé dando gracias a Dios pues veo que me trata con amor. Necesito mucho que me humillen, y como quiero ser humilde, tengo que dar gracias a Dios cuando se me humilla. Porque, para llegar a ser humildes, hay que pasar y recibir bien por las humillaciones. Y dar gracias a Dios, porque con las humillaciones nos enseña lo que somos, y en ellas reconocemos que estamos llenos de soberbia, sino las recibimos como un regalo de Dios.

 

            Es malo adular a las personas. Es engañarlas, hacerlas creer lo que no son, sobre todo si es espiritualmente. Dios nos tomará cuenta de nuestra falsedad al haber mentido adulando a una persona. Quién sabe si por haber adulado a esa persona, no ha llegado en el cielo más alto por haberse dejado engañar, y la otra le pese lo mismo por haber engañado.

            En la adulación no se obra limpio. Hay veces que se va detrás de un favor el cual se busca, de alguna conveniencia personal, de engreírse pensando en nuestro interior que sabemos más que la otra persona. Por eso, cuando no se puede decir una verdad por delicadeza, o por varios motivos, creo que lo mejor es callar. Este callar a la otra persona la hará pensar, y puede ser que se dé cuenta de la verdad.

            La verdad nos suele molestar, pero creo que es de agradecer. Dice Sta. Teresa: <<cuando hablen bien de Ti, ponte triste, y cuando hablen mal, créeles>>. Tal vez, al hablarnos mal, nos dicen una verdad, que de otra forma no se habrían atrevido a decirnos.

 

            También contemplo hoy la casa de Lázaro, María y Marta, "Betania". Pensando en como iba Jesús a Betania, el Señor me da a entender que iba sólo a ratos, tiempos cortos, pero, sin embargo, en mi alma por la gracia, está siempre. Gracias mi Dios Amor.

 

            Paso a meditar en la Pasión del Señor. Jesús, se deja clavar en un madero por mis pecados. Cuanto sufriría Jesús cuando los clavos que a golpe de martillo le atravesaban sus manos y pies. Y todo lo sufría callando por mi, por mi orgullo, por mi vanidad, por mi amor propio, por aquella inmodestia, por aquél desprecio al prójimo, por creerme más que los demás, por aquél pecado que hice (cada uno sabrá el suyo), por mis falta de convivencia, por no ser comprensiva, por no ayudar al que lo necesitaba, por dejarme llevar de mis gustos y caprichos, y, por mis muchísimas faltas y pecados que come y cometo.

            ¡Cuanto nos enseña la Pasión del Señor! Es un libro abierto. Jesús esté con sus brazos en cruz, dispuesto a abrazarnos si vamos arrepentidos. Nos enseña a sufrir, sufriendo El por nosotros. Nos enseña a amar, dándose El por nuestro amor. Nos enseña a perdonar aunque nos injurien sin razón. Nos enseña a mirar con amor a los que no nos aman.

            Jesús en la cruz abre su Corazón divino dándonos su Amor, para que con nuestro arrepentimiento, entremos en El, y El así abrazarnos con su perdón. Y todo, absolutamente todo, por amor.

            ¿Quién soy yo, para que Dios se deje clavar en la cruz por mi amor? Debemos responder a esta pregunta y sabernos hijos de Dios y corredentores con El, herederos del cielo, y templos vivos del Espíritu Santo.

 

            Señor, que corresponda mejor a tu amor. ¡Cuanto te he costado! ¡Cuantos dolores has sufrido por mi! Me da vergüenza ser mejor de los que soy, amarte con mayor generosidad, humillarme ante Ti, que me amas con tanto amor.

 

            Cometemos muchas faltas por no llegar a examinarnos y así conocernos mejor, por nuestra falta de conocimiento de nosotros mismos, pues al no examinarnos, el Señor no puede alumbrar en nuestro interior con su luz, y así, continuamos cometiendo tantas faltas. En parte pueden llegar a ser involuntarias, algunas veces lo son, y es por falta de nuestro propio conocimiento. Y es ahí donde está la falta, en examinarnos, o si lo hacemos, no hacerlo bien. Hay que examinarnos para corregir mejor nuestras faltas. Y para esto se necesita la gracia de Dios, la luz que ilumina en nuestro interior. Hemos de pedir al Señor en el examen esta luz que nos muestra como está nuestra alma, y pedirse lo con humildad, pues El es Padre y sabe lo que más nos conviene. Al conocer nuestras debilidades, nos podremos corregir de ellas. De esta forma el alma irá siendo cada vez más limpia a los ojos de Dios, y El nos mirará con más amor. Algo que nos enfría mucho el alma para el amor de Dios, es el afán de noticias.

 

            Los buenos deseos hacen de los pecadores: buenos; de los buenos: perfectos; y de los perfectos: santos.

 

            Quiero hacer mi vida sin que nada me ate para dar amor a mi Dios Amor, por las constituciones de mi regla y la obediencia según me lo mandan y enseñan. No quiero que me ate el complacer a una hermana, y por ello faltar a la caridad. No dejarme llevar de mis gustos, para con esto hacerme parecer mejor ante los demás. No dejar de hacer lo bueno y recto, según las constituciones de la obediencia, porque se rían de mi y me señalen con burla.

            Estos días procuro leer y pensar en la Pasión y Muerte de nuestro Salvador, pero lo hago forzándome mucho, y por estar en Semana Santa, que es tiempo para ello. Pero si pienso como Dios está en mi alma por amor, enseguida le siente en mi interior con un recogimiento dulce y amoroso, que yo no me podría proporcionar, si no me lo da El. Todo esto sin ninguna preparación por mi parte.

            ¡Cuanto nos ama el Señor! Y como está en nuestras almas por la gracia. Con ese su Amor que brilla por su divina presencia en el alma, con luz divina y amor divino, para que veamos mejor su amor.

            ¡Cuanto me ama el Señor! Y qué consuelo y gozo encuentra El en mi alma, donde los dos unidos gozamos del mismo amor. Porque a mi me hace gozar de El en su gozo de amor. Dios es amor.

            Y, cuando así se comunica el Señor, se da a conocer como es: amor. Y también es amor cuando nos prueba con tribulaciones, trabajos, enfermedades, y tantas cosas. Nos prueba para saber si le amamos y si es verdadero nuestro amor, porque en los momentos de consolación es muy fácil el amor. Dios siempre es amor.

 

            *    *    *

 

            Hoy, después de la sagrada comunión, he sentido la presencia de dios. Diremos que me ha visitado el Señor de una manera espacialísima.

            Gracias Señor por tu divina presencia llena de amor.

            No hay presunción en el buen deseo de comulgar por dar gusto a Dios y por alimentar y fortalecer nuestra pobre alma.

            Después de comulgar, cuando menos lo esperaba, ni lo pensaba, y ni me acordaba de estas cosas, yo no me lo podía producir, he sentido la presencia de Dios. De momento no me di cuenta de lo que era, tal vez estaría distraída, pero enseguida pensé que era Dios, pues se dejó sentir muy profundo en mi alma. Oí enseguida que me decía, y era Dios el que me hablaba:

 

            <<Ves como estoy contigo. Ves como eres mía. Ves como tu alma me es agradable. Ves como me recreo en ella. Ves lo unidos que estamos. Ves que gozas de mi gozo por lo unidos que estamos>>.

 

            Yo me sentía una con El. Así veía que todo lo que me decía era verdad. Yo le decía: Señor, no soy nada para que me trates así. No valgo nada. Todo lo espero de Ti.

            El señor me decía:

 

            <<Porque te ves nada, y no vales nada, y todo lo esperas de de Mi, por eso me complazco en tu alma, por amor, por los grandes deseos que tienes de Mi. Las gracias que he dado a otros, ¿no te las puedo dar a ti? Soy el mismo, tu Dios Amor. Cuando preguntas esas cosas a la superiora o a tu director, nadie te niega que te las pueda dar a ti. ¿Porqué no me crees? Los libros te dicen lo mismo que Yo te hago sentir. Lo mismo que te digo, te lo doy a entender. Te enseño. ¿Porqué dudas? ¡Que más pruebas quieres! Algunas veces me has visto. ¿Va a ser como Tomás, un incrédulo. Dime que más quieres>>.

            Señor, gracias por todo lo que me das. Señor, deseo amarte con humildad, con pureza, con sencillez. Esperarlo todo de Ti, porque yo me veo sin nada para tanto como te quiero amar. Tú Señor, sabes todo. Ayúdame mi Dios para que te pueda amar según tus deseos y los míos.

            En estos momentos el alma queda abstraída de todo. No pierde el conocimiento de lo exterior, pero es como si lo perdiera, porque no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor. El alma será absorbida en Dios y atenta al diálogo con su Dios Amor.

            Que fuerza tiene esta Presencia amorosa de dios, que al dejarse sentir así, hace del alma lo que quiere, sin dominarla. Se gana la voluntad del alma, y esta se ofrece por amor a Dios, a lo que Él quiere de ella.

            Estas cosas si no se experimentan, es difícil entenderlas, porque son difíciles de explicar. Más que difíciles, no se puede llegar a dar una explicación, por no haberla.

 

*    *    *

 

            Hoy siento esta Presencia de Dios. Me siento tan unida a Él, como si los dos fuésemos uno. Siento como que algo está unido a mi alma, y me une con Él, haciendo de los dos uno.

            Soy feliz porque Dios me hace feliz en Él, con Él. Su felicidad me hace feliz a mi. Yo soy feliz en Dios porque Él me hace sentir su felicidad en mí.

 

            Rezando Laudes, leo como Dios, después que resucitó, visitaba a algunos. Estos fueron testigos de su resurrección. Así también Él me da a entender, que Él también me visita con su divina Presencia, cuando así se hace sentir en mi alma. Así puedo decir con verdad, como Dios visita a la almas, haciéndolas sentir su Divina Presencia.

            A Dios por la gracia, siempre le llevamos en el alma, pero estas visitas son una manera especial de dejarse sentir amorosamente.

 

            Copio: “La lección busca” “La meditación halla” “La oración pide” “Pero la contemplación gusta”.

 

            Y goza de aquello que buscó, pidió y halló. –Buscad leyendo y hallaréis meditando”. –“Llamad orando, y os abrirán contemplando” (Dicen que es de San AgusTin, pero no es seguro).

 

            *    *    *

 

            Muchas cosas me ha hecho ver el Señor en la oración, sobre todo sobre la gracia. Reconozco que nada merezco, así se lo digo al Señor.

            Él me da a entender que no me la da porque la merezca, sino por su Bondad y Misericordia. ¡Gracias mi Dios Amor!

 

 *    *    *          

 

            Durante la contemplación el Señor me centra en la “Contemplación Infusa”. Para llegar a ella, tenemos que disponer el alma con nuestra vida de perfección lo más posible. Así el alma limpia, sencilla, transparente y muy humilde, se dispone para que Dios pueda obrar en ella.

            Ya sabemos que la contemplación, Dios la da cuanto quiere, a quien quiere y como quiere. Pero es más fácil que Dios nos la dé, si nos disponemos haciendo lo más posible de nuestra parte, haciendo lo que podamos.

            También es verdad que debemos llegar a la vida de perfección, por puro amor a Dios.Después dejar que Dios obre en el alma según quiera.

            Pero si Dios ve un alma con intenciones rectas, es más fácil que Dios la de la Contemplación Infusa, pues Él está deseando encontrar almas dispuestas, para poder repartir sus divinas gracias.

            Todo el que posea la Contemplación Infusa tendrá una dulzura exquisita para los demás, porque del fondo de su alma tiene que salir la Dulzura Divina que posee por la Contemplación Infusa.

 

 

            --Seguir los sentimientos de Cristo--.

            Copio: Dicen que quienes gracias a las inspiraciones del Espíritu Santo han sido elevados a la contemplación, reciben las arras de la felicidad. Más, para ser así elevados, es menester abstenerse no sólo de las malas obras, sino también de los pensamientos inútiles.

            Por eso, el gran San Agustín clamaba con tanto ardor, pidiendo esa perfecta pureza, calma, paz, silencio, gozo y descanso, como también del alma

 

            --Sobre los dones del Espíritu Santo

            “La presunción sería desear esos dones por vanagloria, mas no cuando se desean precisamente para mayor apoyo de nuestra flaqueza, para mejor fundarnos en la verdadera humildad y en todas las demás virtudes, para así poder crecer en gracia y conocimiento de Dios y en todo seguir a Jesucristo.

 

 *    *    *        

 

            Rezando Laudes, hoy el Señor me hacía entender     que así como después de haber resucitado Jesús se aparecía a los Apóstoles; las veces que yo he visto a Jesús, no es lo mismo, pero sí una cosa parecida, como para decirme que Jesús vive y nos acompaña en nuestro caminar por la vida. Pues yo veía a Jesús cerca de mí, como si fuese una persona igual y me hablaba.

            Esto me recuerda a los discípulos del Emaús, pero no es lo mismo. Estos le reconocieron al partir el pan. Yo, aunque veía a Jesús con toda claridad, solía pensar que eran fantasías mías, pues nunca me considero digna de tan grandes gracias.


 

     [1] Se hace notar que Luisa María en este importante apartado, se refiere conjuntamente a las almas de religiosos, y seglares. Aquí aparece un llamamiento universal a la santidad por medio de la Contemplación Infusa. Aun de que ella habla hacia un colectivo religioso en el que se desarrolla su vida contemplativa, es modelo para todos los que quieran vivir vida de amor, de unión, de intimidad con Dios.

     [2] En este apartado se hace resaltar la importancia de la dirección espiritual para todos en la vida interior, la necesidad de un maestro santo, para todo el que desee perseverar en el camino de la santidad.

     [3] El examen de conciencia como escudo de la vida interior ante el enemigo de la tibieza que se nos presenta.