LA PAZ EN EL ALMA

 

            Empiezo mi cuaderno espiritual con mucha ilusión, para ver si voy adelantando en mi vida espiritual, como también en las demás virtudes que se necesitan para poder ir llegando a la vida de perfección, sobre todo siendo humilde por puro amor a mi Dios Amor.

            Mi vida quiero que sea el Amor de Dios, y si muchas veces no he obrado por tu Amor, Dios mío, perdóname, y tómalo todo como si lo hubiera hecho sólo por tu Amor.

            Soy débil Señor, pero a pesar de todo, quiero ser completamente tuya. Sin Ti nada soy.

            Ayer, viendo un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, en el que estaba nuestra Sta. hermana Margarita María de Alacoque, vi que  salían unos rayos del pecho de Jesús, los cuales iban a parar a Sta. Margarita María. Cuando lo estaba mirando, se desviaron los rayos hacia mi pecho. SenTi entonces la presencia de Jesús en mi interior deliciosamente. Tuve que estar un rato con gran recogimiento, el cual me lo producía los rayos que senTia en mi interior.

 

            Al día siguiente tuve una oración muy profunda y de mucho recogimiento, con un coloquio precioso con mi Dios Amor. Yo me veo la misma nada para estas cosas, pero el Señor me suele decir que las gracias que El ha dado a otros, también me las puede dar a mi.

 

            El Papa a las monjas contemplativas nos dice que tenemos que amar a Dios, pero sobre todo dejarnos amar de El.

            Pregunto al Señor en qué consiste dejarse amar de El? Me dicen: "Dejar que Dios se goce animándonos, y gozar nosotros de ese amor".

            Creo que la mística, los éxtasis, los toques sustanciales, las presencias, etc... son delicadezas del Amor de Dios a las almas que le aman con puro amor. Dios puede dar estos actos de su Amor a las almas que El quiera, El es dueño de sus cosas, pero creo que generalmente las da a las almas que llevan vida de perfección y que no hacen faltas voluntarias. Por eso, estas delicadezas del Amor de Dios a las almas se deben tratar con reverencia, respeto y amor de Dios.

 

            <<Esta es nuestra oración, porque la hizo conmigo mi Dios Amor. ¡Oh Dios que por amor habitas en el alma en gracia, para allí comunicarla las delicias de tu Amor, con una intimidad tan grande y profunda como amorosa! Enséñame Dios mío en estos momentos de cielo en mi alma, a saber corresponder y ser agradecida a todo el amor que me tenéis. Que yo corresponda con gran fidelidad a todas estas delicadezas de tu Amor, animándote cada vez más y más con mi más fino y puro amor>>.

 

 

            Hoy repito la jaculatoria que tanto me gusta: Yo os adoro Dios mío en el fondo de mi alma, y os amo con todo mi corazón. Esta jaculatoria se puede decir en cualquier momento. De esta forma tan sencilla recordamos la presencia de Dios en nuestras almas.

 

            La ascética es llegar a la vida de perfección cristiana por medio de una vida de mortificación. La mística es experimentar la presencia de Dios en el alma. El que experimenta la presencia de Dios en el alma, ya posee el don de Sabiduría, porque el don de Sabiduría es gustar las cosas divinas.

 

            <<Señor, veo la táctica y la técnica que se pueden tener para llegar a tener oración. Según veo yo, el llegar a tener  oración es amando mucho a Ti, y que éste amor haga que nuestras obras sean hechas con la mayor perfección por puro amor a Ti. Y así darte nosotros amor, sin buscar otra cosa que este darte amor a Ti, nuestro Dios Amor. No buscar tus dones, sólo buscarte a Ti. No buscar tus gracias, sólo buscarte a Ti. Pero si nos das tus dones y gracias, tenemos que recibirlo todo con mucho amor por ser gracias y dones tuyos>>.

 

            Todo lo que viene de Dios lo tenemos que recibir como gracias que no merecemos, que El nos da por su bondad. Somos servidores de Dios y estamos obligados a servirle lo mejor que podamos, servirle por puro amor a El mismo. Toda dádiva es gratuita que nos da por su bondad.

            La oración es una gracia gratuita que Dios nos da. No podemos quejarnos de nada, sólo ir recibiendo las luces que Dios nos quiera dar. Pueden ser estas de sus intimidades, o de sus atributos, o de su amor a las almas, ya nos de a gustar sus amores y delicadezas que El sólo sabe y puede dar. Hay veces que en una hora el alma recibe más de Dios, que otras veces en varios días de oración. Como es una gracia gratuita de Dios, El da lo que quiere, cuando quiere, como quiere y a quién quiere. Lo que sí podemos hacer nosotros es disponernos con nuestra vida de perfección para que Dios pueda obrar según su voluntad. Y nosotros ser muy agradecidos siendo muy humildes a todo lo que sea la Voluntad Divina.

 

            Leyendo a Sta Teresa sobre el Cantar de los Cantares, dice: "Béseme con el beso de su boca, porque más valen tus pechos que el vino".

            El "beso de su boca" puede ser el beso de paz. Y "porque más valen tus pechos que el vino", puede referirse a la Llaga del Costado abierto de Cristo. Así, el alma, se embriaga en la Sangre de Cristo, porque su Sangre vale tanto, que con nada se puede comparar. El alma con el "béseme", queda en la paz de Cristo, embriagada en su divino Amor. Ahora bien, si Dios es espíritu, y tu tienes espíritu, es el espíritu el verdadero encuentro con el Padre.

            El "Rostro de Dios" es una expresión bíblica para significar la presencia viviente de Dios. Esa presencia se engrosa, se condensa, cuando la fe y el amor hacen que las relaciones del alma con Dios sean más fecundas e íntimas. El hombre se distingue particularmente de los demás seres, en que lleva una zona interior de soledad, la cual es el lugar de encuentro con el Absoluto y Transcendente. Por esa interioridad es superior al universo entero. A estas profundidades de si mismo retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda escrutador de los corazones, y donde el hombre personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. En este espacio de soledad es donde Dios espera al hombre para el diálogo.

 

            Leo que para llegar al encuentro con Dios, tenemos muchas cosas que nos estorban, distracciones y tantas otras. Esto es verdad. En los libros se dan muchas explicaciones de la habitación de Dios en el alma, sin embargo esto hay que vivirlo para poder expresar algo por su grandeza.

            "Cuando el alma intenta entrar en la comunicación con el Señor, lo primero que tiene que hacer, es vivificar la presencia del Señor, después de dominar y recoger las facultades. El alma ha de tener muy claro, que Dios está objetivamente presente en su ser entero, al que comunica la existencia y la consistencia. Dios nos penetra, nos envuelve y nos sostiene".

 

            Las tentaciones tienen por misión, en muchos casos, el impedirnos el poder recogernos en la oración. Se da el caso que muchas veces somos tentados con cosas de las que ni siquiera nos acordábamos y que en esos precisos momentos en que nos recogemos para la oración, vienen a nuestra mente a estorbarnos y a darnos vueltas como algo muy molesto, o no molesto. Pero, si el alma, al ponerse para hacer la oración, es recogida por el Señor sin ella pensarlo ni procurarlo, y el Señor la hace sentir su divina presencia, el alma, entonces, en ese dulce recogimiento se encuentra hablando con Dios amorosamente. Aquí cesan las preocupaciones y las distracciones. Nada molesta, nada estorba, está en una completa paz con su Dios Amor.

            Influye mucho como nos hayamos esforzado durante el día. Hay que dejar resbalar muchas cosas, o mejor dicho, todo lo que nos quite la paz. Sin paz no puede haber recogimiento en la oración, en la paz se encuentra a Dios. Creo que para poder tener oración, muchos métodos estorban. Lo que hace falta es tener una conciencia pura, tranquila, llena de santa paz interior y exterior, dejando a un lado toda preocupación que nos quiera arrebatar esta paz tan preciada. En esa paz es en donde tenemos que encontrar a Dios. Todos los que tratamos de oración, vivimos por experiencia, que cualquier preocupación que tengamos, nos estorba, porque empieza a dar vueltas en nuestra imaginación, y nos impide recogernos con Dios, y es por esto mismo, porque nos quita la paz.

 

            Mi alma reacciona así por lectura que estoy haciendo:

 

            <<Dios mío, quiero amarte en verdad, y para llegar a amarte como deseo, tengo que renunciar a muchas cosas. Estoy dispuesta a ello, pero ayúdame mi Dios Amor con tu gracia. Sé que estas renuncias me llevarán a muchas humillaciones, desprecios, vencimientos costosos, pero para todo cuento con tu gracia y amor. Sin tu gracia nada soy, bien lo sabes Tú mi Dios Amor. Esque quiero ser tuya por puro amor a Ti, y si para ser tuya tengo que pasar por una vida llena de humillaciones, contradicciones, dificultades, o lo que sea, estoy dispuesta a ello mi Señor, pero repito como siempre que cuento con tu gracia y amor.

            Por eso te digo Señor mío, que me ayudes a no fallar en mis deseos, soy débil, ten compasión de mí. Dame fortaleza para sufrir todo lo que Tu quieras, y conformidad con tu divina voluntad.

            Señor, que yo te ame siempre con puro amor a Ti, mi Dios Amor. Que sea tuya siempre Señor.

            Dios mío, que sepa desenvolverme en todo momento dándote mi amor, por dificultoso que sea lo que se me presente. Con ello, Señor mío, quiero darte amor puro, mi Dios Amor.

            Que mi luchar sea siempre para darte amor, con este luchar te de amor, y más amor, y puro amor.

            Que sea humilde Señor>>.

 

            Leo en diferentes libros muchas explicaciones para poder encontrarnos con Dios. Entre ellas una es la paz.

            Para mi la paz es única para poder encontrarme con Dios, porque en esta paz interior y exterior es donde encontramos a Dios. Sin esta paz veo dificilísimo encontrarnos con Dios. La paz depende de nosotros. La paz nos la tenemos que hacer nosotros. Y si de verdad amamos a Dios, encontraremos la paz y con esta paz a El.

            Veo dificilísimo encontar a Dios si nosotros no trabajamos para ello. Por cualquier cosa nos inquietamos, aun de ser pequeñas o sin impotancia, y perdemos la paz que necesitamos para poder encontrarnos con Dios. Por eso, tenemos que hacer un vacío completo, exterior e interior. Al hacer este vacío, nos encontramos que nada nos preocupa. Entonces llegaremos a tener esa santa paz que se necesita para poder encontar en nuestro interior, en el fondo de nuestra alma, a Dios, que nos espera lleno de amor.

            Por eso, a mi me gusta al empezar la oración, pedir perdón a Dios de todas mi faltas, hasta de las más pequeñas. Así, con esa pureza, sin preocupación ninguna, con esa santa paz, procuro recogerme, si el Señor no me recoge antes. De esta forma empiezo mi oración. Hay veces que el Señor recoge mi alma al empezar, otras veces en la mitad de la oración. Si el Señor no me recoge, procuro hacer la oración meditando, o estando amorosamente con El.

            La oración es un encuentro, y el encuentro una intimidad; la oración es la intimidad con Dios. No tenemos que violentarnos en la oración. Siempre tiene que haber calma y tranquilidad. Dios habita en el alma, El se deja sentir en mi. El sentir su divina presencia con nada se puede comparar. Se siente a Dios, y el alma sabe con certeza que es Dios. Al sentirle le veo aunque no le vea. Al sentirle me habla aunque no le hable. Al sentirle se da a entender sin decir nada.

            Es una presencia divina que se ve, que se oye, que se entiende sin decir nada, sin ver nada, todo en silencio, pero entendiéndolo todo exactamente. Esto acaece en ese recogimiento interior que Dios pone al alma. Donde El habla sin hablar, se deja oír sin ruido, se deja entender sin palabras. En este silencio divino donde todo es amor, todo se hace por amor y con amor. El alma después de este encuentro de silencio con Dios, sale cambiada, fortalecida, como nueva, es otra, Dios la ha dicho en su silencio: "Si me sientes con amor, es porque te amo. Si sientes que me recreo en tu alma, es porque me eres agradable. Si me sientes en tu alma, es porque me posees".

 

            Nunca me gusta decir lo que yo doy a Jesús. Eso es cuenta nuestra, de Jesús y mía. Todo lo que haga por amor a El mismo, a ello estoy obligada. Soy sierva suya. Para eso me creó Dios, para amarle, servirle, y darle gloria. Pero, sí me gusta escribir las delicadezas que Dios tiene para las almas que le aman, o que quieran amarle. Y sobre todo si le aman con puro amor a El mismo. Dios es Amor. El vencimiento es cruz.

 

            Estoy haciendo la visita al Santísimo. Pienso que en estos días no me pasan cosas, y como había escrito algo sobre las renuncias y vencimientos... Estando así distraída pensando  en el vencimiento, sentí la presencia Divina en mi interior muy fuerte, tanto que quedó mi alma muy recogida.

Siempre se me suelen cerrar los ojos en estos casos, sin darme cuenta de ello. Estando con los ojos cerrados, veía una cruz de tamaño natural del estilo de las que pinta el pintor Dalí, con el Cristo inclinado hacia delante. Estaba un poco de costado, pero yo no hacía caso, y meneaba la cabeza y cerraba los ojos. Cuando abría los ojos, no veía nada, y cuando se me volvían a cerrar, otra vez veía el crucifijo, pero un poco más vuelto e espaldas. A esto, oigo que me dicen: "El vencimiento es cruz".

            A mi entender, fue que el vencerse siempre cuesta. Y que cuanto mayor es el vencimiento, más nos cuesta y es mayor cruz.

 

            Por la noche, al ir a rezar el Rosario, empezándole pensaba en que me gusta mucho llevar las manos limpias para ir a misa. Pensando esto, otra vez volví a sentir la presencia divina, que me dejó recogida con mucha suavidad. Se me cerraron los ojos como me suele pasar, y vi una sagrada Hostia con mucha luz. Entonces, oí que me dijeron: "Soy el mismo que recibes".

            Creo, que el Señor me dijo esto, para que no dude cuando siento ese dulce recogimiento, y que pinse que es el Dios mismo que recibo en la sagrada comunión.

            Me veo miserable ante mi Dios Amor, pero El me dice que piense en su misericordia. Gracias por todo mi Dios Amor.

 

            Escribo estas cosas para que se vea como trata

Dios a las almas que le quieren amar. No me trata así por lo que soy, pues me veo miseria, la misma nada, y cuanto más veo la majestad de Dios, más nada me veo a mi misma. Pero Dios tiene sus delicadezas con quién quiere, y cuando ve un alma que es muy pequeña y que quiere amarle, El la coge en sus brazos y la mima como un padre ama a su hijo pequeño. Dios es todo misericordia.

            El, en estos toques que da a mi alma amorosamente, me llena d El. Soy feliz en El, porque mi felicidad es El mismo. En esa felicidad gozo de El, porque El es mi gozo. Dios es mi vida, porque El es vida para mi.