POR LAS REGIONES CELESTIALES  

 

           

 

                 Cuando el alma llega a esta contemplación de amor, con paz y recogimiento interior, el alma está altamente toda ganada y trasladada en Dios, sin saber nada sí.

            Habla allí con su Dios, sin hablar y sin escuchar, sin ruido de palabras.

            Se ve el alma en esta región, olvidada ya de sí, de todas las cosas de la Tierra y de la vida  , como si no hubiese más que ella y su Creador. Así está toda ocupada de Él por la grandeza de su Amor.

 

 

 

            DÍA 16-JULIO-1981

 

            El Señor me da unos deseos grandísimos de ser de Él. Esto se los digo a mi director.

            Al darme el Señor estos deseos, Él me da las fuerzas que necesito. Las fuerzas que necesito son: mayor fidelidad a sus gracias con un desprendimiento general de todo lo que no sea Él, y todo hecho por puro amor a Él.

 

            Señor, si Tú hoy me das una dulce oración y santa paz, es para que yo en ella aprenda a amarte con generosidad y santa paz. En esta paz es donde a Ti, Señor, se te encuentra todo Amor.

            Todo hay que hacerlo sin nada de lo que alardearse, hacerlo sólo por puro amor a Ti, por ser quién eres, y en ese Amor vivir de Ti, por Ti y sólo para Ti.

            Que yo me desprenda de mi misma y así, Señor, podrás hacer de mí lo que Tú quieras. Yo, como blanda cera ser fiel, muy fiel, completamente fiel a Ti.

            Señor, cuantas ansias tengo de ser tuya, aumentan en mí esas ansias que me hacen pensar cómo puedo ser más tuya, darte más amor y amarte mejor.

 

            Cuando veo que hago tantas faltas que se me escapan, entonces ver que quedan en mí propósitos sin cumplir. ¡Cuantas infidelidades veo en mí! Me pregunto dónde quedan mis deseos y mis ansias de ser de Dios como Él quiera.

            Me humillo Señor y te repito lo de siempre, que no soy nada sin Ti, si Tú no me das tu Mano protectora que me levante y me haga fuerte para llegar a darte obras, esos deseos que pones en mi.

 

 

 

 

            DÍA 17-JULIO-1981

 

            Hoy, después de la sagrada Comunión, el Señor me decía: “Aunque no me ves, conoces cómo soy, dulce, suave, sabroso. Ya ves, que sin verme, conoces bien como soy”.

 

            Después, en la oración, cuando menos lo pensaba, leyendo algo de la Mirada de Dios, el Señor se deja sentir en mi alma con un toque sustancial delicioso, y me recuerda lo que me ha dicho después de la sagrada Comunión, que aunque no le vea, le conozco como es, dulce, suave, sabroso, todo amor. Y me deja gustar y gozar ese toque sustancial de su Divina Presencia en mi alma, donde a Él se le gusta como todo Amor. Esto, si no se experimenta, no se comprende.    

            Todavía, cuando estoy escribiendo esto, siente ese recogimiento interior que ha dejado mi Dios en mi alma, al dejarme gustar con su Presencia las delicias de sus dulzuras de amor.

            Con este toque sustancial creo que me ha asegurado algunas cosas que ayer le preguntaba. Le dije que me diera un toque en señal, y como ayer no me lo dio, yo ya no pensé más en ello. Hoy, al darme el toque, me recuerda lo de ayer, lleno de su Divino Amor.

            Dios me trata como yo no merezco. Me dice cosas de su amor que nunca he oído. ¡Me ve yo tan nada para todo esto! Le digo a mi Dios Amor: ¡Gracias, gracias por tu Amor para conmigo! Y me contesta: ¡Si tú supieses cuanto te amo!

 

            En la oración de hoy el Señor hace sentir su divina Presencia, recoge mi alma amorosamente. Al decirle que quiero ser suya, y que para ello pongo en Él mi confianza, el Señor me da a entender, que Él me dará su gracia, pero que yo tengo que guardarme de las malas ocasiones, para serle fiel, y no pensar que con la gracia de Dios me puedo meter en malas ocasiones pensando que Dios ya me librará. ¡Nada de esto! Al contrario. Dice el refrán: “Guárdate y te guardaré”. O sea, tengo que guardarme de toda mala ocasión y entonces la gracia de Dios obrará y me sostendrá para vivir mis santos deseos.

            Sin la gracia de Dios nada bueno podemos hacer, tenemos que cuidar el no despreciarla para que de su fruto de santidad.

            La mística es una gracia de Dios muy grande para amarle con perfección de amor. Yo no busco ser mística, lo que quiero es amar lo mejor que pueda a Dios, si Él quiere que sea mística, allá Él, esto es cosa suya.

 

 

 

            DÍA 23-JULIO-1981.

 

            Ayer fue la elección de la nueva Superiora, salió la que yo pensaba. Viendo lo que es la elección de una superiora, pensaba... Le digo al Señor:

 

            Quiero ser completamente tuya, siempre tuya, aunque tenga que sufrir desprecios, aunque se rían de mi por ser demasiado observante, aunque me quede sola por guardar mejor el silencio, aunque vea actos fríos a mi alrededor, etc...

 

            Estos deseos tan grandes de ser de Dios me ayudan mucho para llevar una vida de mayor perfección, ay así dar a Dios mayor amor. Para todo esto cuento con la gracia de Dios, sin Él nada soy.

 

            Bien lo sabes Tú, Señor, que conoces todas mis debilidades.

 

           

            “Así como no desear nada exteriormente produce la paz interior, así el negarse interiormente produce la unión con Dios”.

 

            “En la tolerancia y en el amoroso abrazo de las cruces que en cada hora se digna enviarnos el Señor como a fieles amigos suyos, entran toda suerte de purgaciones pasivas con que providencialmente vamos siendo curados por su paternal Mano. Somos limpiados de los vicios o defectos que resisten a la purgación activa y, muy en particular, de los ocultos, que no podríamos siquiera conocer y remediar, según Él nos va poniendo el dedo y la medicina en la llaga”.

 

            En el ratito que he tenido hoy de oración el Señor ha recogido mi alma en Él, tan amorosamente que me da una fuerza grande y unos deseos inmensos de amarle sin condición, como Él quiera. Pero siempre contando con su gracia.

 

            Sin Ti, Señor, yo nada soy, por eso, espero que estos deseos me los harás realidad con tu Divina Gracia.

 

  

            DÍA 27-7-1981.

 

            Cuando en la oración estoy recogida, para saber si es de Dios, tengo que mirar después los efectos que hace en mi alma. Mirar si tengo paz, si tengo deseos de ser de Dios. Siento como si Dios me dijese que tengo que amar la cruz, amar la mortificación, amar los desprecios, ser humilde, etc...

            Y sigue diciéndome: “Yo también pasé por todo eso siendo Dios, y lo pasé por tu amor”

            Sí, yo siento unos deseos grandes de humildad, de que me desprecien, etc... Y si todo ello es por puro amor a Dios, y siento paz, entonces creo que puedo estar tranquila, por ser señales de que es de Dios. Esto se lo pregunto a mi director y él lo ve también así. Mi seguridad será segura con lo que él me diga. Pero, si estos recogimientos me dan deseos de ser apreciada, de no ser humilde, eso es cosa del maligno, porque como él es soberbio, en el alma pone la soberbia.

 

            Señor, al querer ser toda tuya, me encuentro sin apoyo. Hay veces que me encuentro en un vacío. No sé cómo explicar esto. Pienso que también a Ti te dejaron sólo en la Cruz mientras cumplías la voluntad de tu Padre. Te acompañaron sólo los que bien te querían, la SanTisima Virgen María, San Juan y las piadosas mujeres. Hasta los apóstoles te dejaron.