QUIERO SER SANTA

 

 

            Leo la vida de los santos, veo su vida de ejemplos, abnegación, sacrificio, mortificación, en todo, tanto en la comida, como en la ropa, en las comodidades, y en un sinfín de cosas, …….y yo quiero ser santa ……….sin que nada me falte………sin dejarme humillar….

            De verdad que sueño, pero a pesar de todo quiero ser santa, porque el Señor `pone en mi interior unos deseos y unas exigencias grandes para que yo sea santa, pero santa por amor a Él.

            Ahora pregunto yo: ¿cómo puede hacerme santa en el ambiente en que vivo? Y me sale la respuesta de siempre, o sea, por medio de las Constituciones y la Obediencia, y siempre con la gracia de Dios. Así que es esto lo que tengo que practicar con la mayor perfección que pueda dentro de mi nada y de mi pequeñez, pero siempre, siempre contando con la gracia de Dios.

 

            Es que el Señor me trata con tanto amor, se regala en mi alma con sus dulzuras, suavidades, tan amorosamente que sin obligar, arrastra al alma para hacer lo que Él quiere, yo también quiero hacer, esto es, amarle sin condiciones, sólo por ser Él que es, por puro amor a Él mismo, sin mirarme a mí para nada.

            Pensando en lo que he escrito, el Señor recoge mi alma y oigo que me dice: “Eso es pata ti, así te quiero en Mí”. Yo entiendo que me dice que quiere que viva con la mayor perfección las Constituciones y la Obediencia.

            ¡Gracias Señor!

 

            LA CONTEMPLACIÓN ES AMOR

            SUS INTIMIDADES DIOS LAS DA

            DIOS ES SIEMPRE AMOR    

 

           

Siento la Presencia de Dios en mi alma. ¡¡Que fuerza tienes Señor!!

            Con esta Presencia tuya todo lo demás desaparece, mi pensamiento queda vacío de todo, porque Tú lo llenas, mi voluntad queda unida a la tuya, porque sólo quiere lo que Tú deseas. Y ese deseo tuyo y mío, hacen un solo deseo de amor. Mi deseo es amarte sin condiciones, pero siempre estando Tú conmigo, porque yo sin Ti nada soy. Cada día me veo más nada y reconozco que Tú Señor eres toda mi fortaleza. Esta Presencia tuya, ¡que fuerza tiene Señor!. ¡Qué grande es tu Presencia en el alma Señor! ¡Que grande es tu Amor! De éste amor tuyo y mío, haces un solo amor, para que los dos vivamos en un mismo amor!

            Dios mío, sentir tu Presencia en el alma y dejarse despojar de todo por Ti, y por tu Amor, es una gracia muy grande, inmensa, pues llevas al alma a tu Amor, contenta de dejarlo todo por Ti, Señor, mi Dios Amor. Gracias por tantas gracias como me das, mi Dios y Señor.

 

            Hoy siento mucho el pronto de carácter que he tenido con una hermana. La he pedido perdón, me he confesado y se lo he dicho a la Superiora. He sentido muchísimo el haber faltado así. Mi propósito es firme de no volver a hacerlo.

            ¡Señor, ayúdame, te necesito siempre¡

 

            Ayer, después de la sagrada comunión, siento a Dios en mi alma como un horno de fuego que me hacía sentir su divina Presencia. Me daba a entender el amor que me tiene y cómo perdona mi falta del pronto de carácter, viendo mi arrepentimiento y mi pena por ofenderle. Me da a entender que le ato las Manos para poderme dar sus gracias. Todo esto me lleva a vivir con más cuidado y con más dominio de mí, para no caer así y ser más fiel al Señor.

 

            Gracias Señor, pero para todo cuento con tu gracia. Señor, nada soy en Tí pongo mi confianza, porque sé que Tú me darás lo que más me conviene para serte fiel. Hay veces que necesito que me humillen, pues estoy llena de amor propio.

 

            Al desprenderme de mí misma, me desprendo de todo lo que es obstáculo para amarle a Él. Veo que mi mayor enemigo soy yo misma, por eso no tengo que pensar en mí, sólo pensar como amarle mejor a Él en las circunstancias que se me van presentando durante el día.

            Le digo al Señor que me ayude y Él me dice: “Ya ves cómo siempre estoy contigo”. Y siento que el Señor tiene mi alma dulcemente recogida en Él, en su Amor.

            ¡Gracias Señor!

            Me dice el Señor que mi alma le es agradable, que se recrea en ella con amor. Me dice: “Si supieras cuanto te amo. Vengo buscando amor en tu alma, hay tantos que no me aman, o me aman como a ellos les parece y no como me tienen que amar. Vengo a tu alma porque encuentro amor”.

            Valen tan poco las cosas exteriores, la vanidad que dan, secan el espíritu, absorben una vida sin sentido y no dejan lugar en el alma a Dios. Las almas materializadas lo poco que dan a Dios lo hacen rápidamente, casi sin fijarse en lo que hacen, por        que las cosas del mundo les tiran como un imán. Pobrecitas almas. Viven llenos de agobio y dejan su alma vacía de Dios.

            Cosas así también pasan en las almas consagradas. Estas son más responsables porque en su agitación no piensan en lo principal, esto es, Dios. Solo ver las cosas de las que hablan, de los afanes que tienen, afán de noticias exteriores, les descuben como son sus almas que están vacías de Dios, pues se suele hablar de lo que está lleno el corazón. Llevan sus vidas consagradas a su estilo.