EL SAGRADO CORAZÓN  

 

Y NUESTRA SANTA HERMANA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

           

 

            Mi oración de esta mañana ha sido fervorosísima. ¡Tantas cosas me ha recordado el Señor sobre la devoción a su Sagrado Corazón. Nuestra Hermana me recordaba cuando la vi en el refectorio estando yo de rodillas para decir la culpa; yo quedé recogidísima y no sabía en donde estaba, ella esta a mi lado, la veía y ella me decía:

 

YO PROPAGUÉ LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN, TÚ PROPAGA LA VIDA CONTEMPLATIVA Y HAZ LO QUE SEÑOR TE DIGA

 

            La devoción al sagrado Corazón es una excelente preparación que nos lleva a la vida de perfección, y por esta llegamos a la vida de unión con Dios.

            Nuestro santo padre, San Francisco de Sales, nos habla mucho de la vida de unión con Dios. Esta se alcanza con la vida de perfección.

 

            El Señor me da a entender que pocos le conocen a Él como a mí se da a conocer, en suavidad y dulzura, amor y misericordia, bondad, etc…

 

            Es delicioso este conocimiento de Dios dentro del recogimiento en que pone mi alma. Yo le digo al Señor que soy muy pequeña, que nada valgo, que todo se lo debo a Él. Él me dice amorosamente que porque soy pequeña y porque nada soy, por eso derrama en mi alma su amor. Se complace en mí, le agrada mi alma porque a Él le gusta tratar con los pequeños, pero que le quieren amar.

            Yo le digo que no busco sus consuelos, que le busco y le quiero a Él, pero que si me da sus consuelos, si son suyos, sí los quiero, por ser estos de Él. Pues todo lo que es de Dios me es delicioso y lo amo.

            Ahora bien, si los consuelos y dulzuras no son suyos, no los quiero, porque yo sólo quiero y busco a Dios.

            El Señor sigue regalándose en mi alma con amor con sus dulzuras exquisitas, las cuales hacen que sea deliciosa mi oración.

            ¡Que promesa hago aquí! Dios lo sabe. Dios deja libertad al alma, pero con su Amor tiene una fuerza que arrastra para amarle entre las mayores humillaciones y desprecios, pero todo es gracia de Dios.

            El Señor recoge mi alma y me dice: “Estas dulzuras y suavidades no es cosa que te doy. Las tienes por la unión que tienes conmigo y así me conoces como Yo soy, gozo, suavidad, dulzura, amor. Gozas de lo que yo soy, gozas de mi gozo. Tu contacto conmigo por esta unión te hace conocerme, y mi Amor, al estar unido así a ti, hace que me ames con mi amor. Esta unión de Amor te da un conocimiento de cómo soy yo, por eso hay muy pocos que me conocen como tú me conoces. Esto es el Verbo que se comunica en Amor y el Espíritu Santo te santifica en Amor”.

            “No tengas miedo a estas cosas, Yo soy tu Dios”.

 

            Gracias Señor por lo que me ha dicho el confesor, que todo es gracia tuya, porque viendo mis deseos de amarte, me tratas con tanto amor, por tu gran Misericordia con los más pequeños.

 

            Ayer, rezando completas, se volvió a repetir lo de la otra vez. Estaba mirando sencillamente una estampa de Ntra Sta Hª Margarita María de Alacoque, en que está de rodillas en el coro al lado de la reja. Estando así, se le apareció el Sagrado Corazón del que salían, de sus manos y su Corazón, unos rayos de luz.

            Al mirar yo a Jesús, los rayos se desviaron y, como si entrasen en mi corazón, así los sentía yo deliciosamente. Oí que me decían: “Lo que ha otros concedo, ¿no te lo puedo conceder a ti?.

            Se me cerraron los ojos con aquél dulcísimo recogimiento. Fue un instante delicioso, pero procuré no pararme en ello con el fin de de seguir rezando completas con la Comunidad.

            Estas visitas de Dios son deliciosas. Dejan mucho recogimiento y deseo de perfección.