SU ÍNTIMA COMUNICACIÓN

 

 

 

            Si, pues, nunca llegamos a merecer su íntima comunicación, y conocerla, es porque huimos muchas veces de su compañía, porque no nos resolvemos a entrar en su estrecha senda, por la angosta puerta de la continua abnegación, o porque no perseveramos en seguirle e imitarle fielmente, abrazando con amor la cruz de cada día.

            Por sólo esto es por lo que no acabamos de gustar  por experiencia, como gustan todos los santos, cuan suave es el Señor, cuan llevadero su yogo, cuan ligera y dulce su carga, y cuan inefablemente delicioso su íntimo trato que es gloria anticipada, donde en este destierro mismo, se embriaga ya el alma en torrentes de delicias divinas.

 

            Todo esto me lo hace ver así el Señor. Tenemos que disponernos con un alma limpísima. Después de esa limpieza de alma es cuando nos encontramos con Dios, que nos espera con amor. Así me lo hace experimentar a mí, mi Dios Amor.

            Este sentir la Presencia Divina ayuda mucho para la vida espiritual, pues Dios se da a conocer y a entender de forma que el que lo experimenta lo entiende fácilmente. Para todas estas cosas se necesita una vida de perfección sin faltas voluntarias.

            Tener grandes deseos de ser de Dios, cueste lo que cueste. A cualquier precio quiero tener a Dios contento.