¿Que tiene esta presencia de Dios, que arrastra al hombre para que haga lo que Dios quiere? Si la presencia de Dios es verdadera, deja al hombre sin voluntad, como le acaeció a San Pablo cuando cayó del caballo, y oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿porqué me persigues?" El contestó: "¿Quién eres? Y el Señor le contestó: "Yo soy Jesús, a quién tu persigues" Y Pablo hizo lo que le mandó Jesús.

          En esta escena de los Hechos de los Apóstoles se ve el amor de Dios, la fortaleza que da Dios al hombre que le quiere seguir para hacer su voluntad, si el hombre no pone obstáculo para ello. Porque la voluntad del hombre es libre, Dios la respeta. Dios llama, pero no fuerza. Recordemos al joven rico del Evangelio, al cuál Dios llamó, sin embargo el joven no le siguió.            Santa Teresa habla de los dos grados de oración o dos últimos modos de unión. La oración pasiva o infusa, la cual es un a noticia  experimental de Dios, según el efecto, gustándole y tocándole con el espíritu, y la oración activa, la cual consiste en una total conformidad de nuestra voluntad con la Voluntad divina. Esta última puede adquirirse por nuestra propia indutria, y con la ayuda ordinaria de la gracia.