Durante estos días Dios se deja sentir en mi alma deliciosamente. Yo le digo al Señor la miseria que soy, aunque El ya lo sabe. Me trata con tanto amor mi Dios Amor, me veo tan nada ante su grandeza. El es mi gozo.

            Estoy frente al sagrario, y pienso cuanto me enseña El desde su cárcel de amor. Dios me espera lleno de paciencia, para que yo venga a acompañarle. ¡Qué pensará Jesús en el sagrario! Se encuentra muy sólo casi todo el día. Estará esperando a que vengamos a decirle que le amamos, y El a su vez, decirnos que está ahí por amor a nosotros, para que podamos tener nuestros coloquios con El. Gracias Señor.

            También, pienso en como habita Dios en nuestra alma por la gracia. Y digo y pienso en cuantas veces nos recogemos en nuestro interior para hacer compañía a Dios, hablar con El de lo que queremos amarle, de nuestros conflictos, y de tantas cosas. También para darle las gracias. Nunca nos deja solos, nos cuida como la madre más cariñosa cuida a sus hijos.