Mi oración de esta tarde ha sido deliciosa. Ha sido esa oración en la cual sin ver, veía, sin oir, oía, sin hablar, entendía.

            SenTia a Dios en mi alma produciéndome rayos de felicidad. No sé como explicar esto. Creo que para entenderlo, hay que vivirlo. Por lo que Dios me hacía sentir, veía que Dios se regalaba en mi alma con mucho amor. Sin hablar, me decía que me amaba mucho por la felicidad que me daba a gozar. Sin oir, oía como con el susurro de su amor se recreaba en mi alma lleno de amor.  Quiero amar a mi Dios Amor, siendo muy fiel.

            Todos estos gozes y delicias suponen que tengo que llaver las contrariedades con un amor generosísimo a Dios, me guste o no me guste, y todo hacerlo por amor a El, sin pararme en mi para nada. Creo que esta es la manera de dar mi amor a Dios. No hago más de lo que debo hacer, pues, sierva soy del Señor, sierva inútil, pero que que quiere amar mucho a Dios, pues para esto he sido creada, para amarle, servirle, y darle gloria.

            Mi oración de esta tarde ha sido deliciosa. Señor, pido mucho por lo que ya sabes, ayúdale a reflexionar, a que cambie de conducta. Señor, no le abandones, ten compasión de él y de todos los hombres, tu misericordia no tiene límites.