Trato de recordar las gracias que el Señor me ha dado durante mi vida, y las que ahora me da. Son innumerables, pues si empezase a contarlas, no terminaría jamás.

            El Señor me da a entender, que lo que desea de mi, es que viva la vida contemplativa, la cual es vida de perfección. Que la viva santamente, que si se viviese santamente, los conventos de clausura de vida contemplativa, estaráin llenos de santos.

            Esta vida contemplativa consiste en ser fieles a nuestros votos, por ellos nos consagramos a Dios, y El nos quiere fieles a nuestra palabra de consagradas. Pero, fieles en todo, con una fidelidad generosa, tanto en las cosas pequeñas, como en las grandes. Todo tiene su valor. No debemos despreciar nada por pequeño que sea, la cual podamos hacer por amor a Dios, pues, así le vamos dando amor, amor y más amor, a El, que es todo amor y que tanto nos ama.

            El Señor ama mucho a las monjas contemplativas. (Se hace notar que Luisa María en este importante apartado, se refiere conjuntamente a las almas de religiosos, y seglares. Aquí aparece un llamamiento universal a la santidad por medio de la Contemplación Infusa. Aun de que ella habla hacia un colectivo religioso en el que se desarrolla su vida contemplativa, es modelo para todos los que quieran vivir vida de amor, de unión, de intimidad con Dios). Son para El un jardín escogido en el que puede encontar flores de suave fragancia, virtudes impreganadas de delicado perfume, todo esto muy querido por El. En las almas contemplativas es donde El espera poder recrearse de tanto como se le ofende. Si las  contemplativas vivimos fielmente nuestra vida consagrada, entonces seremos para el mundo un ejemplo de virtud, ejemplo que arrastrará a muchas almas a vivir una vida santa, según el estado de cada uno. De esta forma dirán de nosotras que vivimos lo que decimos, nuestras obras hablarán por nosotros. Tenemos que hablar de Dios, de su bondad, de su misericordia, de su amor, pues tenemos que reflejar a Cristo en cada momento con el ejemplo de nuestra vida. Nosotras no nos hemos consagrado para hacer nuestra voluntad, sino para cumplir nuestros votos de consagradas: la castidad, la pobreza, la obediencia. Esta obediencia no podemos cambiarla a nuestro gusto, o cambiarla según nos parezca a nosotras. Tenemos que ser muy fieles, viendo en la obediencia a Cristo, y cumplir lo que se nos dice sin rodeos y sin vueltas a nuestro gusto. Tenemos que hacer lo que manda la obediencia, esto nos dará mucha paz en el alma (En este apartado se hace resaltar la importancia de la dirección espiritual en la vida interior, la necesidad de un maestro santo para todo el que desee perseverar en el camino de la santidad. Y para la oración es un camino amplio que nos lleva a la unión con Dios. Tenemos que procurar que otros vivan la vida de Cristo, estamos obligadas a esto, reflejar a Cristo y darlo a vivir a los demás por amor a El mismo. Con esto no hacemos más que lo que debemos, osea, vivir nuestra verdadera consagración y ser verdaderas contemplativas. Quién nos mire, pueda exclamar, que vivimos de Cristo, damos a Cristo. ¡Que hay más grande que dar a Cristo con nuestras buenas obras!.

            Al tratar con almas consagradas, nos enseñas por pequeños detalles, como viven sus vidas consagradas. Uno no quiere hacer tal cosa por no faltar a la obediencia, otro no presume de nada, se le ve humilde, otro habla con aire de recogimiento encantador, sin afectación, y esque ama la pureza de las cosas, la castidad en su alma.

            El recogimiento de la vista, el no querer verlo todo, nos guarda excelentemente para nuestra pureza interior de alma. Son almas de delicada conciencia, que dan amor a Dios.

            Todas estas cosas y otras, son formas de ir dando a Cristo, y reflejarle en nuestra manera de actuar, haciéndole por puro amor a Dios.