<<Esta es nuestra oración, porque la hizo conmigo mi Dios Amor. ¡Oh Dios que por amor habitas en el alma en gracia, para allí comunicarla las delicias de tu Amor, con una intimidad tan grande y profunda como amorosa! Enséñame Dios mío en estos momentos de cielo en mi alma, a saber corresponder y ser agradecida a todo el amor que me tenéis. Que yo corresponda con gran fidelidad a todas estas delicadezas de tu Amor, animándote cada vez más y más con mi más fino y puro amor>>. 

            Hoy repito la jaculatoria que tanto me gusta: Yo os adoro Dios mío en el fondo de mi alma, y os amo con todo mi corazón. Esta jaculatoria se puede decir en cualquier momento. De esta forma tan sencilla recordamos la presencia de Dios en nuestras almas.

            La ascética es llegar a la vida de perfección cristiana por medio de una vida de mortificación. La mística es experimentar la presencia de Dios en el alma. El que experimenta la presencia de Dios en el alma, ya posee el don de Sabiduría, porque el don de Sabiduría es gustar las cosas divinas. 

            <<Señor, veo la táctica y la técnica que se pueden tener para llegar a tener oración. Según veo yo, el llegar a tener  oración es amandote mucho a Ti, y que éste amor haga que nuestras obras sean hechas con la mayor perfección por puro amor a Ti. Y así darte nosotros amor, sin buscar otra cosa que este darte amor a Ti, nuestro Dios Amor. No buscar tus dones, sólo buscarte a Ti. No buscar tus gracias, sólo buscarte a Ti. Pero si nos das tus dones y gracias, tenemos que recibirlo todo con mucho amor por ser gracias y dones tuyos>>. 

            Todo lo que viene de Dios lo tenemos que recibir como gracias que no merecemos, que El nos da por su bondad. Somos servidores de Dios y estamos obligados a servirle lo mejor que podamos, servirle por puro amor a El mismo. Toda dádiva es gratuita que nos da por su bondad.

            La oración es una gracia gratuita que Dios nos da. No podemos quejarnos de nada, sólo ir recibiendo las luces que Dios nos quiera dar. Pueden ser estas de sus intimidades, o de sus atributos, o de su amor a las almas, ya nos de a gustar sus amores y delicadezas que El sólo sabe y puede dar. Hay veces que en una hora el alma recibe más de Dios, que otras veces en varios días de oración. Como es una gracia gratuita de Dios, El da lo que quiere, cuando quiere, como quiere y a quién quiere. Lo que sí podemos hacer nosotros es disponernos con nuestra vida de perfección para que Dios pueda obrar según su voluntad. Y nosotros ser muy agradecidos siendo muy humildes a todo lo que sea la Voluntad Divina.

 Sor Luisa María