Tengo que trabajar mucho para tener más suavidad cuando hablo, así me lo ha dicho la madre Superiora. Sentí mucho el haber discutido con ella. ¡Lo he sentido mucho! La madre Superiora representa a Dios. ¡Quién soy yo para discutir enfada! Me ha durado mucho esta pena. Me humillo y pido perdón. Comprendo que me vienen muy bien las humillaciones, me enseñan mucho la nada que soy, y que todo lo bueno que tengo se lo debo al Señor.

            Hoy me propongo tener muy presente, el pensar mucho en como habita Dios en mi alma, tener presente esta presencia de Dios en mi alma por la gracia, hacer las cosas pensando en El, y hacerlas por su amor. Pensar que El me está mirando siempre con amor. Ver como correspondo a este amor.

            Esta presencia de Dios en mi quisiera que fuese continua, y en ella darle amor, pero un amor generoso y fiel. Saco estas notas de la vida del Padre Arintero: Puntualidad y fervor en todo. No faltar más con tibiezas e infidelidades. Guardar silencio en los desprecios y contradicciones. El primer paso que debemos dar en nuestra renovación, es el violentarnos para renunciar a nuestros desordenados gustos, sólo así es como podremos emprender de veras el camino espiritual.

Sor Luisa María