Paso a meditar en la Pasión del Señor. Jesús, se deja clavar en un madero por mis pecados. Cuanto sufriría Jesús cuando los clavos que a golpe de martillo le atravesaban sus manos y pies. Y todo lo sufría callando por mi, por mi orgullo, por mi vanidad, por mi amor propio, por aquella inmodestia, por aquél desprecio al prójimo, por creerme más que los demás, por aquél pecado que hice (cada uno sabrá el suyo), por mis falta de convivencia, por no ser comprensiva, por no ayudar al que lo necesitaba, por dejarme llevar de mis gustos y caprichos, y, por mis muchísimas faltas y pecados que cometí y cometo.

            ¡Cuanto nos enseña la Pasión del Señor! Es un libro abierto. Jesús esté con sus brazos en cruz, dispuesto a abrazarnos si vamos arrepentidos. Nos enseña a sufrir, sufriendo El por nosotros. Nos enseña a amar, dándose El por nuestro amor. Nos enseña a perdonar aunque nos injurien sin razón. Nos enseña a mirar con amor a los que no nos aman.

            Jesús en la cruz abre su Corazón divino dándonos su Amor, para que con nuestro arrepentimiento, entremos en El, y El así abrazarnos con su perdón. Y todo, absolutamente todo, por amor.

            ¿Quién soy yo, para que Dios se deje clavar en la cruz por mi amor? Debemos responder a esta pregunta y sabernos hijos de Dios y corredentores con El, herederos del cielo, y templos vivos del Espíritu Santo.

Sor Luisa María