Quiero hacer mi vida sin que nada me ate para dar amor a mi Dios Amor, por las constituciones de mi regla y la obediencia según me lo mandan y enseñan. No quiero que me ate el complacer a una hermana, y por ello faltar a la caridad. No dejarme llevar de mis gustos, para con esto hacerme parecer mejor ante los demás. No dejar de hacer lo bueno y recto, según las constituciones de la obediencia, porque se rían de mi y me señalen con burla.

            Estos días procuro leer y pensar en la Pasión y Muerte de nuestro Salvador, pero lo hago forzándome mucho, y por estar en Semana Santa, que es tiempo para ello. Pero si pienso como Dios está en mi alma por amor, enseguida le siente en mi interior con un recogimiento dulce y amoroso, que yo no me podría proporcionar, si no me lo da El. Todo esto sin ninguna preparación por mi parte.

            ¡Cuanto nos ama el Señor! Y como está en nuestras almas por la gracia. Con ese su Amor que brilla por su divina presencia en el alma, con luz divina y amor divino, para que veamos mejor su amor.

            ¡Cuanto me ama el Señor! Y qué consuelo y gozo encuentra El en mi alma, donde los dos unidos gozamos del mismo amor. Porque a mi me hace gozar de El en su gozo de amor. Dios es amor.

            Y, cuando así se comunica el Señor, se da a conocer como es: amor. Y también es amor cuando nos prueba con tribulaciones, trabajos, enfermedades, y tantas cosas. Nos prueba para saber si le amamos y si es verdadero nuestro amor, porque en los momentos de consolación es muy fácil el amor. Dios siempre es amor.

Sor Luisa María