Leyendo a Sta Teresa sobre el Cantar de los Cantares, dice: "Béseme con el beso de su boca, porque más valen tus pechos que el vino".

            El "beso de su boca" puede ser el beso de paz. Y "porque más valen tus pechos que el vino", puede referirse a la Llaga del Costado abierto de Cristo. Así, el alma, se embriaga en la Sangre de Cristo, porque su Sangre vale tanto, que con nada se puede comparar. El alma con el "béseme", queda en la paz de Cristo, embriagada en su divino Amor. Ahora bien, si Dios es espíritu, y tu tienes espíritu, es el espíritu el verdadero encuentro con el Padre.

            El "Rostro de Dios" es una expresión bíblica para significar la presencia viviente de Dios. Esa presencia se engrosa, se condensa, cuando la fe y el amor hacen que las relaciones del alma con Dios sean más fecundas e íntimas. El hombre se distingue particularmente de los demás seres, en que lleva una zona interior de soledad, la cual es el lugar de encuentro con el Absoluto y Transcendente. Por esa interioridad es superior al universo entero. A estas profundidades de si mismo retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda escrutador de los corazones, y donde el hombre personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. En este espacio de soledad es donde Dios espera al hombre para el diálogo.

 

            Leo que para llegar al encuentro con Dios, tenemos muchas cosas que nos estorban, distracciones y tantas otras. Esto es verdad. En los libros se dan muchas explicaciones de la habitación de Dios en el alma, sin embargo esto hay que vivirlo para poder expresar algo por su grandeza.

            "Cuando el alma intenta entrar en la comunicación con el Señor, lo primero que tiene que hacer, es vivificar la presencia del Señor, después de dominar y recoger las facultades. El alma ha de tener muy claro, que Dios está objetivamente presente en su ser entero, al que comunica la existencia y la consistencia. Dios nos penetra, nos envuelve y nos sostiene".

Sor Luisa María