Por la noche, al ir a rezar el Rosario, empezándole pensaba en que me gusta mucho llevar las manos limpias para ir a misa. Pensando esto, otra vez volví a sentir la presencia divina, que me dejó recogida con mucha suavidad. Se me cerraron los ojos como me suele pasar, y vi una sagrada Hostia con mucha luz. Entonces, oí que me dijeron: "Soy el mismo que recibes".

            Creo, que el Señor me dijo esto, para que no dude cuando siento ese dulce recogimiento, y que pinse que es el Dios mismo que recibo en la sagrada comunión.

            Me veo miserable ante mi Dios Amor, pero El me dice que piense en su misericordia. Gracias por todo mi Dios Amor. 

            Escribo estas cosas para que se vea como trata Dios a las almas que le quieren amar. No me trata así por lo que soy, pues me veo miseria, la misma nada, y cuanto más veo la majestad de Dios, más nada me veo a mi misma. Pero Dios tiene sus delicadezas con quién quiere, y cuando ve un alma que es muy pequeña y que quiere amarle, El la coge en sus brazos y la mima como un padre ama a su hijo pequeño. Dios es todo misericordia.

            El, en estos toques que da a mi alma amorosamente, me llena d El. Soy feliz en El, porque mi felicidad es El mismo. En esa felicidad gozo de El, porque El es mi gozo. Dios es mi vida, porque El es vida para mi.

Sor Luisa María