Mi corazón me dicta esta oración a mi Dios Amor: Yo quiero amarte mi Señor con un amor puro, con esa limpieza de corazón con la que Tu quieres que te ame. Quiero amarte Señor con un corazón sin motas ni repliegues. Te quiero amar Señor con esa limpieza de corazón que Tu nos dices en la Bienaventuranzas.

            Pensemos que tenemos que hacer para llegar a tener esa limpieza de corazón que Dios quiere de nosotros, y hagamoslo. Si tenemos esa limpieza de corazón, iremos a la oración, al encuentro con Dios, con esa santa disposición, para que si es su voluntad, nos muestre su Rostro. Y así, seremos de esos bienaventurados que el Señor nombra como limpios de corazón, los cuales verán a Dios.  Que llegue a ver tu Rostro, Señor. Gracias por todo mi Dios Amor.

            Leyendo lo que es el infierno en un escrito de Sta. Teresa, lo tanTisimo que allí se sufre, y que es para toda la eternidad, pensé como otras veces, que para mí la mayor pena sería no ver a Dios nunca. Aquí tampoco le vemos. En esto, siento la presencia de Dios dulce y amorosamente como diciéndome: "Aquí ya me conoces, y estoy contigo aunque no me ves".

            Estas vistas del Señor son deliciosas, aunque mejor que decir visitas, diría presencias, las cuales enloquecen al hombre en amor de Dios, y en las que hombre se vuelca a dar amor a Dios sin reparar en los medios. Va hasta el fin, su entrega es total. Si estas visitas son verdaderamente de Dios, causan estos o parecidos efectos.